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martes, 25 de mayo de 2021

El debate sobre la crisis del liberalismo

He estado siguiendo un curso de Aceprensa Forum sobre «Debates candentes en la opinión pública», impartido por uno de mis pensadores de cabecera, Juan Meseguer. Uno de los debates tratados es el de crisis del liberalismo. En su exposición, Meseguer mencionó algunos pensadores liberales, después de advertir que él se refiere al liberalismo como filosofía política que ha cuajado en un sistema político que es la democracia liberal, no como doctrina filosófica o económica.


Le pedimos esa relación de nombres y esta es la lista, con algunas pistas a artículos publicados en Aceprensa sobre la cuestión, que nos ha proporcionado, y que comparto para los interesados en este debate:

1. Algunos nombres relevantes en el debate sobre la crisis del liberalismo:

Patrick J. DeneenRod DreherSohrab AhmariAdrian VermeuleHelena Rosenblatt,  Rustin Reno,  Pierre Manent,  Richard John Neuhaus (†).

2. Estos y otros autores que también intervienen en el debate aparecen citados en los siguientes artículos de Aceprensa:

La difícil práctica del liberalismo (suscritores): Patrick J. Deneen, Helena Rosenblatt, Adrian Vermeule, Rod Dreher, Richard John Neuhaus (†), Rachel Lu, Korey D. Maas…

El debate actual sobre la crisis de la democracia liberal no se agota en la crítica que le hacen los populismos. Otra vertiente, más sutil, examina hasta qué punto el liberalismo político contemporáneo ha distorsionado la tradición liberal, y si es verdad que los creyentes tienen la misma libertad que el resto para proponer su estilo de vida.

Una nueva cultura para las democracias liberales: Patrick J. Deneen

El libro Why Liberalism Failed, de Patrick J. Deneen, profesor de filosofía política en Notre Dame, se suma a uno de los debates más apasionantes que está teniendo lugar en Estados Unidos y otros países: ¿hasta qué punto es compatible el liberalismo con una cultura que no desea seguir los dictados de lo políticamente correcto?

La «opción Benito» y sus críticos (suscriptores): Rod Dreher, Rustin Reno

El contraste entre la enseñanza cristiana y ciertas corrientes dominantes en la cultura y la vida social de Occidente ha dado pie a un debate sobre la actitud que debe adoptar el creyente. Unos sostienen que el actual ambiente hostil exige replegarse. Otros reivindican un cristianismo más activo capaz de regenerar la cultura. Los diagnósticos sobre la situación de la fe cristiana, sobre todo en Occidente, varían. 

Rod Dreher: «La opción benedictina no es huir del mundo, sino ser cristianos contraculturales».

Entrevista a Rod Dreher acerca su libro The Benedict Option -en España, La opción benedictina (Encuentro)-. La obra propone un modelo de vida y supervivencia para el creyente occidental en un mundo postcristiano, apostando por generar una contracultura fuerte que, de alguna forma, marque las diferencias con el resto del mundo.

El alma de la democracia liberal: Richard John Neuhaus (†)

El 20 de noviembre de 2005, en la conferencia de clausura del VII congreso «Católicos y vida pública», Richard John Neuhaus, presidente del Institute on Religion and Public Life y director de la revista «First Things», comentó la idea de sociedad libre en la encíclica de Juan Pablo II «Centesimus annus”», refiriéndose especialmente al experimento de Estados Unidos.

Conservadurismo nacional, la nueva derecha posliberal: Yoram Hazony, Rustin Reno, Rich Lowry

Más próximo a Marion Maréchal que a Marine Le Pen, a Viktor Orbán que a Geert Wilders, el conservadurismo nacional aspira a forjar un nuevo consenso intelectual y político a la derecha. Su ambición, sin embargo, despierta recelos en otros conservadores.

Debate sobre el conservadurismo post-Trump (suscriptores): Patrick J. Deneen, Rod Dreher, Sohrab Ahmari

La derrota electoral de Donald Trump, quien atrajo a su coalición a buena parte de los llamados “votantes de valores”, ha reabierto el debate sobre el rumbo que ha de tomar el conservadurismo. La discusión trasciende el contexto político estadounidense y da que pensar a los conservadores de otros países: ¿a favor de qué y de quiénes posicionarse en el momento actual? 

La ley que sostiene los derechos humanos (suscriptores): Pierre Manent

El lector podría pensar que, a estas alturas, ya está todo dicho sobre el fundamento e interpretación de los derechos humanos. Y que las teorías sobre la ley natural poco pueden decir fuera de los ámbitos académicos herederos de la escolástica. El último libro de Pierre Manent, Natural Law and Human Rights, demuestra que ambos juicios son apresurados.

Aunque algunos de los artículos son solo para suscriptores (recomiendo mucho la suscripción a Aceprensa); los artículos en abierto y los nombres citados pueden servir para abrir el deseo de profundizar en este debate por el alma de nuestra civilización, que parece decaer, al mismo tiempo que se reformula para subsistir y seguir brillando como la creación más lograda de la Humanidad, hasta el momento.

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Foto atarifa CC

viernes, 23 de julio de 2010

Menos progres de lo que aparentan

Los boletines de la agencia ACPRENSA son siempre interesantes; pero, con frecuencia son, además, estimulantes para la razón y la argumentación. El siguiente artículo es, en mi opinión, una prueba antológica, otra vuelta de tuerca de la "espiral del silencio".

Las personas con mayor nivel educativo que se declaran de izquierdas son en realidad más conservadoras de lo que parece. Así lo muestra un estudio de la Universidad de Leicester (Reino Unido), que acaba de sacar los colores a los llamados “socialistas de champán”: esos cuya confortable posición les permite difundir estilos de vida en los que la mayoría de la gente no se reconoce.

Firmado por Juan Meseguer
ACEPRENSA: 20 Julio 2010

El estudio, realizado por el profesor James Rockey, del Departamento de Economía de la Universidad de Leicester, se basa en los datos de las cinco primeras oleadas de la Encuesta Mundial de Valores y abarca un período de más de 20 años. A partir de estos sondeos, Rockey examina las ideas políticas de unos 136.000 ciudadanos de 82 países.

De esta manera, trata de discernir entre los verdaderos izquierdistas y los que creen que lo son… pero no lo son tanto. Una de las variables clave del estudio es la percepción que cada individuo tiene de sus ideas políticas; es decir, cuánto de izquierdas o de derechas se consideran ante determinadas cuestiones.

En una escala de 1 a 10, los encuestados tenían que señalar el número que mejor reflejaba sus ideas. Por ejemplo: “Los ingresos deberían ser más equitativos” (1 = la posición más a la izquierda), en comparación con “Necesitamos diferencias de ingresos más grandes como incentivos” (10 = la posición más a la derecha).

La conclusión más sorprendente del estudio es que las personas con mayor nivel educativo tienden a pensar que son bastante de izquierdas, y así lo declaran. Pero si se comparan sus respuestas con las del resto de la población, lo cierto es que piensan cosas que en realidad les sitúan a la derecha.

¿A qué se debe esta falta de realismo? El profesor Rockey apunta dos posibles explicaciones: “Un primer factor es que la gente se compara con los de su entorno, no con la población global. El segundo es que las ideas políticas evolucionan con el tiempo”.

La moda del “marxismo Gucci”
Que las ideas de una persona evolucionan a lo largo de la vida no es un gran descubrimiento. Es conocida la hipótesis formulada en el siglo XIX por el historiador francés François Guizot, y popularizada más tarde por Georges Clemenceau y Bernard Shaw: “Si a los 20 años no eres socialista, te falta corazón. Si a los 40 no eres conservador, te falta cabeza”.

Lo curioso del asunto es que quienes se declaran de izquierdas no reconozcan ese cambio. Al revés, ahora se apuntan a la moda del “marxismo Gucci”; una tercera vía muy prometedora que te permite calzarte unos manolos, mientras sigues pensando que eres aquel rebelde que militaba hace décadas en contra del sistema.

Ahí tenemos a Jaume Roures, dueño de Mediapro, que nos deleitaba hace unos meses con una perla: “Si hay algo que se ha puesto de actualidad con esta crisis es lo que Marx decía hace 150 años: que la avaricia de unos pocos lleva a la pobreza de todos, o que los ricos cada día serán más ricos y los pobres, más pobres”. Completamente de acuerdo.

Por qué se extiende lo progre
En un comentario al estudio de la Universidad de Leicester, el columnista Ed West abunda un poco más en lo que dice Rockey sobre la influencia del entorno social en la configuración de las propias ideas políticas.

En su blog del Telegraph, relata su experiencia: “Conozco a muchos izquierdistas que no tienen ni un solo amigo conservador, ni siquiera les han escuchado explicar directamente o a través de la radio sus puntos de vista, ni tampoco han leído una sola opinión que discrepe de las suyas”.

A West le sorprende que cada vez que entra en una librería de Londres, no encuentra un solo libro representativo de sus ideas. “Los tories siempre llevamos bajo el brazo un puñado de libros de izquierdas. Y no es porque seamos especialmente abiertos de mente, sino porque ésta es la cultura dominante y no tenemos elección”.

West recurre a las ideas de Cass Sustein, profesor en la Escuela de Derecho en Harvard, para explicar por qué los políticos se han apuntando con entusiasmo durante las últimas décadas a las causas más radicales: las creencias extremistas se convierten en ortodoxas, cuando nadie está dispuesto a plantarles cara.

De manera que lo que hace unos años era impensable, termina convirtiéndose en algo de dominio público. “El proceso se acelera por cascada”, dice West. “La gente empieza a pensar de una forma y a expresar sus nuevos puntos de vista, sólo porque presupone que los demás piensan lo mismo”.

En otras palabras, la suposición de que uno vive rodeado de izquierdistas convencidos lleva a los conservadores a no expresar sus verdaderas ideas en público. Esta actitud acomodaticia es lo que alimenta una estructura de corrección política, de la que no conviene discrepar.

Si llevamos la tesis de West (o de Sustein) hasta sus últimas consecuencias, al final queda una pregunta en el aire: ¿no nos habrán metido los conservadores en todo este tinglado progre?

jueves, 17 de diciembre de 2009

La Declaración de Manhattan

Un llamamiento a que los cristianos defiendan sus ideas como ciudadanos

Ante los intentos de intimidación de algunos grupos, 152 líderes religiosos de tres confesiones cristianas de EE.UU. (ortodoxos, católicos y evangélicos) han firmado la Declaración de Manhattan. Se trata de un llamamiento a los cristianos para que no abdiquen de sus convicciones en los debates públicos sobre la vida, el matrimonio, la libertad religiosa y la objeción de conciencia.

Ahora toca a los cristianos de a pié actuar.

El origen del manifiesto se encuentra en la polémica que ha suscitado la reforma sanitaria de Barack Obama, donde la financiación del aborto se ha convertido en un tema conflictivo (cfr. Aceprensa, 9-11-2009).

lunes, 7 de diciembre de 2009

Los retos del multiculturalismo

Varios Autores. Editores: Javier Prades y Manuel Oriol. Encuentro. Madrid (2009). 312 págs. 21 €.
ACEPRENSA
Firmado por Juan Meseguer Velasco
Fecha: 3 Noviembre 2009


El término “multiculturalismo” surgió en Canadá para aludir a una política que reivindica el derecho a la diferencia de las distintas identidades culturales. El problema es que lo que al principio se concebía como una actitud de resistencia frente a los procesos de imposición de una cultura sobre otras, pasó a designar un modelo interpretativo que renuncia a cualquier criterio de universalidad.

Contra esta visión relativista se alzan los autores de este libro editado por Javier Prades y Manuel Oriol, que recoge los trabajos presentados en un seminario organizado por la Fundación Subsidiariedad. Desde una perspectiva interdisciplinar, expertos de diferentes países reflexionan sobre el fenómeno de la diversidad y proponen gestionarla de un modo nuevo a partir de categorías como la racionalidad, el encuentro o el reconocimiento.

La primera sección del libro analiza los desafíos que el multiculturalismo de signo relativista plantea hoy a las ciencias jurídicas. Frente a quienes presentan los derechos humanos como un invento típicamente occidental, Marta Cartabia propone redescubrir su justificación racional.

En la misma línea, Lorenza Violini desafía el dogma políticamente correcto según el cual las leyes deben ser éticamente neutras ante las cuestiones morales controvertidas. A su juicio, “es fundamental recuperar elementos racionales de diálogo y de confrontación, además de la capacidad de configurar leyes que se establezcan como elementos de cohesión respecto a valores que hay que compartir”.

Andrés Ollero pone al descubierto la estrategia laicista de quienes afirman que no cabe imponer convicciones –sobre todo, religiosas– a los demás, pero luego son los primeros que pretenden imponer su relativismo al resto de la sociedad.

La segunda sección del libro trata de comprender la diversidad desde la filosofía y la sociología. El artículo de Carmine de Martino explica muy bien la batalla de las ideas que está detrás del debate sobre la diversidad: el multiculturalismo no es un modelo interpretativo entre tantos, sino el punto de llegada del relativismo cultural que se ha ido fraguando en Occidente bajo el impulso de Nietzsche y Heidegger.

Pierpaolo Donati señala el déficit de fondo que lastra a la solución multicultural: se trata de una teoría reductora del encuentro y del reconocimiento. Para superar esta carencia, el sociólogo italiano propone revisar la racionalidad occidental moderna a la luz del paradigma relacional.

Por último, la tercera sección introduce la perspectiva teológica, algo absolutamente novedoso en la literatura española sobre el multiculturalismo. Frente a quienes ven la religión como un germen de conflicto, los autores coinciden en reconocer a Dios como el fundamento común de la convivencia.

Mons. Javier Martínez plantea una tesis aparentemente paradójica: si la Iglesia quiere ser instrumento de paz en las sociedades crecientemente multiculturales, ha de romper con las categorías de la modernidad secular y aprender a ser ella misma desde su propia tradición.

Javier Prades recuerda que, aun en medio de un contexto multicultural y multirreligioso, el cristianismo no renuncia a la pretensión de la verdad de su anuncio para la salvación de los hombres. Ahora bien, ese anuncio sólo puede difundirse como propuesta razonable (y, por tanto, creíble) a través del testimonio que remite a un referente preciso: Jesucristo y Dios Trino.

El conjunto del libro ofrece una visión reposada sobre el debate del multiculturalismo.