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domingo, 15 de diciembre de 2013

Fe de errores sobre fe de errores

Leo en sección de Cartas al director del diario IDEAL de Granada una Fe de errores que da cuenta de la corrección que el catedrático de la UGR, José Rodríguez Gordillo, hizo a su propia carta, rectificando la autoría del famoso "¡No es esto, no es esto!" de Ortega y Gasset.

Lástima que el profesor Rodríguez Gordillo no completase la corrección cambiando la cita y no al autor de la cita, pues ahora le queda un error más gordo, que supongo debido a confusión más que a ignorancia o, eso espero, a la reconstrucción de la Historia que algunos pretenden, con esa matraca, nada inocente, de la Memoria Histórica, tan oportunamente reflejada por Orwell en su famosa novela 1984.

En su carta, Rodríguez Gordillo escribe "Como decía Unamuno (alguien debió soplarle luego que fue Ortega y Gasset) ante las atrocidades y deriva totalitaria de la rebelión franquista: «no es esto, no es esto»". Es de sobra conocido que esta expresión aparece al final de Un aldabonazo, publicado el 9 de septiembre de 1931 en el diario Crisol ante la deriva radical de la República: Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!».

El ejemplo sirve igual de bien al objeto de la carta del profesor de la UGR -criticar a los que reventaron la conferencia de Rubalcaba en esa universidad-; salvo por el pequeño inconveniente de que deja en mal lugar a la II República en vez de al franquismo: y esta sí que es una grave falta de corrección política.

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viernes, 14 de diciembre de 2007

El paisaje como moral

Por Ignacio Sánchez Cámara, en La Gaceta de los Negocios, el 12/12/07

Debería obligarse a los alumnos a peregrinar por los caminos de España, y a pasar un tiempo en el Prado.

Entre todos los males de nuestra educación, existe uno en el que no siempre se repara y nunca lo suficiente: la ignorancia que tienen los alumnos sobre la realidad histórica de España.

Nuestro patriotismo, salvo escasas y nobles excepciones, o no existe, que es lo que suele ser más frecuente, o se manifiesta de manera engreída y convulsa. En ambos casos, no es sino el fruto de la ignorancia. Pero si mala es ésta, peor aún es la tergiversación de la realidad. No es lo peor que los alumnos ignoren, pues quien ignora acaso sepa que ignora. Lo peor es que lo que creen conocer estos alumnos sea falso, pues quien cree falsamente que sabe jamás saldrá de su error.

Acaso el mayor error político cometido en España desde el comienzo de la Transición haya sido la entrega de todas las competencias educativas a las comunidades autónomas. Yo no concedo al Estado el derecho a educar, pero sí el deber de garantizar el ejercicio del derecho a la educación.

Educación Nacional. Antes, se denominaba así el Ministerio. Y tan lejos estoy de creer que cualquier pasado fue mejor como de pensar que todo lo nuevo sea preferible a lo pretérito. Si no hay educación nacional, no puede haber nación.

Si patológica es la ignorancia histórica de los escolares (y, en general, la ignorancia en materias humanísticas), letal es la sumisión de la Historia a los intereses de los nacionalismos. Si España ha de morir como nación, lo hará de pura ignorancia.

Como Franco estableció la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, los antifranquistas sin Franco, esa confortable forma de ser extemporáneo, se ven obligados a ensayar una especie de Destrucción o Deformación del Espíritu Nacional.

Se ha dicho que la enfermedad nacionalista se cura viajando. Y es verdad. Se cura viajando a través del paisaje y a través de la historia. Y leyendo (se entiende, no leer cualquier cosa), pues todo libro sabio nos invita al mejor de los viajes: escuchar a los hombres sabios del pasado. En lugar de manipular conciencias con asignaturas adoctrinadoras, debería obligarse a los alumnos a peregrinar por los caminos de toda España, a leer algunos viejos libros, a visitar iglesias y castillos y, desde luego, a pasar un tiempo en el Museo del Prado. No creo que exista mejor cura contra la hispanofobia que recorrer España de punta a punta, o, aún mejor, que detenerse unos minutos contemplando, por ejemplo, el Cristo de Velázquez. Si alguien, pudiendo hacerlo por ser español, no desea que aquello que mira sea suyo, de su pueblo y que sea de su nación, es que es irremediablemente imbécil. Y sólo es un ejemplo.

La Generación del 98, por poner otro ejemplo, y pese a errores e insuficiencias, es tan grande como su amor a España. ¿Puede ser separatista y antiespañol un lector de las unamunianas Andanzas y visiones españolas? Quizá por eso el regeneracionismo español tanto insistió en la pedagogía del viaje y del paisaje. En esto coincidieron la derecha y la izquierda, antes de que llegaran a trastornarse. Podrá no haber ningún acuerdo sobre las raíces y sentido de nuestra historia, podrán seguir debatiendo eternamente en la otra vida don Américo y don Claudio, pero si en algo queda la contienda en tablas es en su igual amor a España. Únicamente se ama lo que se conoce, y únicamente se conoce lo que se ama. El amor y el conocimiento son la misma cosa.

El odio que se puede tener a España es sólo una forma de ignorancia, inocente o culpable, la obra rencorosa y resentida del desconocimiento. Se cura, por lo tanto, con estudio y excursiones académicas. No pocas verdades podemos aprender, incluso de índole moral, contemplando el paisaje, pues el paisaje no es mera naturaleza, sino naturaleza humana y humanizada.

jueves, 22 de marzo de 2007

Memoria histórica: Los Cristeros, el documental


Los Cristeros méxicanos, una historia tan tremenda como olvidada; un documental pretende rescatar este capítulo de la Historia, trájico y apasionante. Vale la pena entrar en el post Memoria histórica: Los cristeros, el documental y navegar por sus enlaces, que ofrecen dos resúmenes, uno más breve que el otro, del documental.