domingo, 16 de septiembre de 2012

Razones para la fe

Joseph Pierce es uno de mis autores preferidos, como ya he dicho en otras ocasiones. Entre sus obras destaco Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad, de la que he sacado estos párrafos que dan razón de una fe alcanzada con tanto esfuerzo como alegría.

pág. 152 Razón para la fe. Carta de Hilaire Belloc a G.K. Chesterton

Tengo por naturaleza una mente escéptica, y también por naturaleza un cuerpo extremadamente sensual. Tan sensual que las virtudes que limitan la sensualidad para mí son sólo frases. Pero tengo por ciertas estas frases y actúo de acuerdo con ellas hasta el punto que puede hacerlo un hombre luchador. Y en cuanto a las dudas del alma, he descubierto que son falsas: un estado de ánimo, no una conclusión. Mi conclusión –y la de todos los hombres que lo hayan visto alguna vez- es la fe. Corporativa, organizada, con personalidad, maestra. Una cosa, no una teoría. Algo.
A ti, que has sido bendecido con un profundo sentimiento religioso, quizá esta afirmación te parezca demasiado seca... Pero tras ella, si salvo mi alma, vendrán en su momento la carne y los huesos: esos que ahora sólo soy capaz de describir y enseñar. Conozco –sin sentimientos (algo extraño en esta relación)- la realidad de la bienaventuranza: la meta de la vida de un católico.

pág. 238 Fe. GKC .-The Well and the Shallows

No podría abandonar la fe sin volver a caer en algo menos pro¬fundo que la fe. No podría dejar de ser católico, a menos que me con¬virtiera en algo más estricto que un católico. El hombre debe reducir su mente para desprenderse de la filosofía universal; todo lo que ha pasado hasta el día de hoy ha ratificado esta convicción; lo que suceda mañana lo volverá a ratificar. Hemos salido de aguas poco profundas y de áridos parajes hacia un pozo profundo; y la verdad está al final de este.

En otro momento, a los escépticos que no habían sabido desentrañar lo más profundo les acusaba de haber hecho un daño inmenso: «Durante cientos de años, la labor del escéptico ha sido muy pa¬recida a la infructuosa ira de un monstruo primitivo: sin ojos y sin cabeza, solo destruye y devora; un enorme gusano que asola un mundo que jamás ha llegado a ver». Aunque expresado en una prosa más poética, este era en esencia el mismo argumento defendido por Arnold Lunn. Era el vuelo desde la razón del mundo moder¬no, el antídoto contra la filosofía perenne de la Iglesia: -

Existe... una influencia que crece de día en día, que nunca menciona en los periódicos ni resulta inteligible a la gente de mente periodística. Se trata del regreso de la filosofía tomista: que es la filosofía del sentido común, en contraste con las paradojas de Kant, de Hegel y del pragmatismo. La religión de Roma es, en sentido estricto, la única religión racionalista.., el regreso de la escolástica es simplemente el re¬greso del hombre juicioso... decir que no hay dolor ni dificultad, ni mal, ni diferencia entre el hombre y la bestia, ni entre una cosa y otra constituye un esfuerzo desesperado por destruir toda experiencia y sentido de la realidad, y la gente estará cada vez mas cansada cuando deje de estar de moda; y buscará de nuevo algo que dé forma a tanto caos y devuelva sus proporciones a la mente humana.


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