viernes, 28 de enero de 2011

Los mártires de la "cristianofobia

Por Ignacio García de Leániz, profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares, en EL MUNDO, 25 de enero de 2011.

Tiene el cine la virtud de darnos alguna películas, bien pocas, que ponen ante nuestros ojos el signo de los tiempos en que vivimos y por ello mismo alcanzan también una dimensión profética. Como si actuara en ellas el propio Tiresias, el adivino ciego de la Tebas helénica que hacía de mediador y anticipador entre los dioses y hombres según nos recordaba modernamente Eliot en La tierra baldía. Por eso, ver tales películas supone un ejercicio luminoso y doloroso a un tiempo de necesaria comprensión. Por eso, también, perdérselas le condena a uno a seguir un poco más encadenado a mirar la pared sombría de la caverna de Platón. La obra recién estrenada en nuestras pantallas del francés Xavier Beauvois, tan laureada en Cannes, De dioses y hombres, es ciertamente una de ellas. Y no podía ser más oportuna.

En efecto, la dramática historia que se nos describe -con la luz y espiritualidad de un cuadro de Zurbarán y la angustia de un relato de Bernanos- de los siete monjes cistercienses del monasterio de Nôtre-Dame del Atlas en Tibhirine (Argelia), decapitados en 1996 por el Grupo Islámico Armado (GIA) en plena guerra civil argelina, nos hace caer, así de súbito, en la cuenta de que las persecuciones de cristianos no son de un ayer más o menos remoto. Más bien todo lo contrario, aunque por razones muy diversas -y no siempre claras- los medios y la política occidentales pretendan poner sordina a la dimensión de una tragedia que crece exponencialmente de una década a esta parte.

Ha tenido que ser Benedicto XVI quien en reciente alocución recordara que son en la actualidad los cristianos «el grupo religioso que sufre mayor persecución por motivos de fe». Sin duda, tenía a la vista el estremecedor Informe de libertad religiosa en el mundo 2010 emitido por el Pontificio Consejo Justicia y Paz donde se cifraba en 150.000 (el lector no ha leído mal) el número de cristianos muertos durante el año pasado por animadversión religiosa. A ello hay que sumar 200 millones de cristianos perseguidos y otros 150 millones discriminados por sus convicciones, para poder así determinar correctamente el alcance de la barbarie. A lo que se ve, pues, el derramamiento de sangre de aquellos cistercienses en la cordillera del Atlas no era sino un negro heraldo de lo que estaba por venir: como si hubiesen sido designados «protomártires» -a la manera de un San Esteban- de una gigantesca oleada de nuevos martirios a lo largo del orbe. Una nueva cristianofobia, pues, que nos plantea ante nuestras miradas distraídas algo para lo cual carecemos ya de categorías conceptuales, como entrevió Hannah Arendt en sus últimos años: el misterio y presencia del mal puro y nudo (ese que Kant llamaba «el mal radical»), que se revuelve violentamente ante la mera posesión -no digamos ya ejercicio- de la fe en Jesucristo.

La marea persecutoria amplía por momentos su cartografía, que, como veremos, no sólo incluye el fundamentalismo islámico. En Irak, según ACNUR, los constantes pogroms anticristianos han hecho que los creyentes supongan ya el 40% de los refugiados en países limítrofes siendo así que los católicos de diversos ritos apenas suponen el 5% de la población iraquí. El ataque en octubre del año pasado por parte de una célula de Al Quaeda a la catedral de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en plena misa dominical, dejó un reguero de 58 mártires y sirvió de siniestro modelo para la reciente masacre de la Eucaristía de Año Nuevo en la iglesia copta de Todos los Santos de Alejandría con más de 21 muertos como testigos de la fe. En Nigeria, Filipinas e Indonesia también se han registrado gravísimos asaltos e incendios de iglesias católicas y protestantes. Todo ello parece palidecer, sin embargo, ante los 1,5 millones de cristianos asesinados en Sudán desde 1984 hasta hoy por la milicia musulmana de Janjaweed, ante la pasividad internacional.

La situación en los territorios palestinos no puede ser tampoco más crítica, según explican en detalle Jonatan Adelman y Agota Kupderman en un esclarecedor artículo, The Christian Exodus from the Middle East: en la actualidad tres de cuatro cristianos nacidos en Belén viven en el extranjero y hay más cristianos oriundos de Jerusalén exilados en Sidney que en la capital de las tres religiones, debido a los hostigamientos y violaciones sufridos por la presión fundamentalista islámica. No creo arriesgado aventurar que en breve los territorios sagrados serán para la cristiandad un erial tal y como ha quedado el Líbano cristiano tras su secuestro y demolición, acontecimiento éste siempre mal y poco explicado.

Pero no solo el fundamentalismo musulmán, que traiciona así el principio islámico clásico de tregua común con los demás monoteísmos, propaga dicha cristianofobia. El extremismo nacionalista hindú en India que encarna el Bharatiya Janata Party (BJP) se correlaciona asimismo con la violencia anticristiana en auge, especialmente en aquellos estados donde gobierna el BJP con el apoyo indisimulado del Sang Parivar (Liga de Organizaciones Nacionalistas). Recuerde el lector cómo solo en 2008 al menos 500 mártires murieron en un pogrom anticristiano en el estado de Orissa. Como se observa, la cartografía de la persecución contra los cristianos rebasa los imprecisos límites del islam radical (quedando excluidos Qatar, Abu Dabi y Kuwait que permiten el culto), para incluir Corea del Norte, Laos, India y China, por ejemplo. Como si el odium fidei que lleva a la persecución y martirio actuales pudiera darse desde tres perspectivas distintas: la atea, la fanática religiosa y la nacionalista.

La situación es tan preocupante que la misma figura del Papa, en tanto que símbolo de la cristiandad, corre el grave riesgo de padecer un atentado martirial por parte de islamistas radicales, como ocurrirá igualmente con su sucesor. Más de una vez los servicios de inteligencia occidentales han logrado abortar un ataque sangriento a San Pedro de Roma, y al lector atento tampoco se le habrán escapado las excepcionales medidas de seguridad y máxima alerta que rodearon la reciente estancia de Benedicto XVI en Santiago de Compostela y Barcelona. Y para no llamarnos a engaño esos mismos servicios tampoco descartan que haya ataques a iglesias y actos religiosos en suelo europeo, exportándose el modelo martirial a nuestro continente en sustitución de los atentados indiscriminados ejecutados hasta ahora. Como se va viendo con angustia creciente en la película que comentamos al inicio, el cerco para el creyente es cada vez más estrecho y de ahora en adelante no sólo en la pantalla.

Así las cosas, con cientos de miles de cristianos que a diario se juegan la vida por su mera fe y otros muchos en lista de espera para afrontar el riesgo de un Coliseo paulatinamente más cercano, sorprende la escasa oportunidad -o gran impertinencia- de los ataques que en la retaguardia de Occidente sufre el cristianismo a manos de lo que Martin Rhonheimer ha denominado la «laicidad integrista». Como si no mereciera compasión alguna -no hablemos ya de respeto y mucho menos de admiración- tanta sangre derramada ayer y mañana.

Los recientes sucesos acaecidos en torno a la suspensión de la misa en la Universidad de Barcelona o la befa y el escarnio constante por parte de medios privados y poderes públicos de la cabeza, creencias y símbolos católicos, señala misteriosamente la otra cara de aquel «mal radical» kantiano que mencionábamos al principio: su espantosa banalidad, que tanto obsesionaba también a Hannah Arendt.

Justo lo contrario de la hondura espiritual y del respeto con que un hombre próximo al Partido Socialista francés como es Xavier Beauvois dirige el drama anticipatorio de los siete monjes cistercienses degollados como corderos. Decía al respecto Spengler que en última instancia era siempre un pelotón de soldados quien salvaba a la civilización. No estoy tan seguro de ello. Es posible en cambio que este mundo atribulado nuestro lo esté redimiendo, sin saberlo, el torrente de sangre de cristianos derramada por la barbarie. Como aconteció en la pequeña comunidad de cistercienses, allá en el Atlas de Argelia, no muy lejos de nosotros y ahora tan próxima en la pantalla. No dejen de verla

Mostrar a tus contactos de XING

jueves, 27 de enero de 2011

A vueltas con el Crucifijo del Instituto de Zújar

Ya saben, y si no, se lo resumo: dos profesores del Instituto de Zújar (Granada) presionaron hace unos días a una compañera de departamento, profesora de religión, para que retirara símbolos religiosos (un crucifijo y una imagen de la Virgen -regalo de otros profesores-) de la sala de dicho departamento.

Desde entonces, declaraciones de unos y otros y apoyos a unos y a otros. En medio, la delegada de educación asegurando que sería el Consejo Escolar del IES el que decidiría.

Pero ayer fue la cacicada: reunido el Consejo Escolar, el director interino del centro manifiesta haber recibido de la delegada le había enviado órdenes expresas indicándole que hay una normativa que impide los símbolos religiosos en los centros educativos y que no hay más que hablar. Luego reconoció que la orden no la tenía por escrito, sino que la había recibido oralmente del inspector.

Resulta que la delegada se había amparado en declaraciones anteriores en un supuesto acuerdo del Consejo Escolar, cuando no era posible, ya que este no se reunió hasta ayer y no llegó a tratar del asunto por las órdenes taxativas suyas.

Además, las tales normativas no existen, no son más que las típicas arbitrariedades dictatoriales de un laicismo integrista que nos gobierna con nuestro dinero.

Sobre la presencia de símbolos religiosos en las escuelas hay mucho que decir, y en algún artículo espero exponer mi pensamiento algún día. De entrada, no estoy ni a favor ni en contra; estoy más bien a favor de la libertad. Lo que me irrita es el abuso de poder, la mentira y la estupidez, más cuando proviene de funcionarios a los que pago para que nos faciliten la vida, y no para que nos fastidien (por no decir otra cosa más expresiva).

Por último, el colmo del despropósito es cómo da la noticia según qué prensa, algunos de cuyos periodistas parecen haber estudiado en Cuba y hecho un máster en Pravda. Para comprobarlo, les sugiero comparar la noticia de hoy en Ideal Granada: Educación impide votar sobre los símbolos religiosos al consejo escolar, con la delirante de Granada Hoy: La comunidad del IES de Zújar respalda la retirada de los símbolos religiosos. Los mismos titulares son significativos de los dos mundos que puede pisar el periodismo.
Mostrar a tus contactos de XING

viernes, 24 de diciembre de 2010

El Apocalipsis Oculto

Jesús Trillo-Figueroa, ed. Sekotia, 2010

Es una semi novela, una trama sin desarrollar y una edición nejorable para un fin: denunciar la Nueva Tirania de hoy, el gobierno global laicista, cosa que hace de manera clara, amena, profunda, muy documentada... e inquietante; porque es muy actual, una realidad de aquí mismo y de hoy mismo.

Los hechos comienzan en 2009, con motivo del estreno de la película Ágora, y quita la careta a los apóstoles del Nuevo Orden Mundial laicista, además de sacar del silencio y la oscuridad esa otra realidad de rabo y cuernos de los cultos luciferinos.

El Apocalipsis oculto - Una novela de Jesús Trillo-Figueroa


Mostrar a tus contactos de XING

ISLAM Y OCCIDENTE: Jamón, jamón

Por Narcio Álvarez Quintana, escritor, ex preso político cubano.

La mesa está servida nuevamente. La noticia es simple y nada sorprendente: un alumno musulmán se siente ofendido porque su profesor se refiere al jamón durante una clase para ilustrar una explicación. Éste le aclara que no se trata de una alusión religiosa. Bien aleccionado al parecer, el alumno cuenta la anécdota a sus padres, que se apresuran a denunciar al profesor por un presunto delito de "maltrato de obra con motivaciones xenófobas" .

Es de notar que, en los últimos tiempos, los musulmanes parecen tener los nervios algo tensos, y acusan de xenofobia, de herir su sensibilidad y hasta de blasfemia a quien se atreve a hablar delante de ellos de tradiciones culinarias ajenas a las suyas, de fiestas cristianas o de la presencia de crucifijos en las aulas. Siempre han asistido a clase hijos de padres librepensadores, ateos, judíos o con cualquier otra concepción del mundo, sin que ninguno se molestara por alusiones a la Navidad o a la Semana Santa, a la cría de cerdos, a productos obtenidos de dicho animal, etcétera, ni concediera importancia alguna a éstas u otras cuestiones. No se saque a relucir al franquismo y todas sus parafernalias reales o ficticias, porque durante la transición a la democracia y hasta hace poco nada así sucedía.

Gonzalo Guijarro, portavoz de la Asociación de Profesores de Institutos de Andalucía (APIA), considera que se trata de unas de las nefastas consecuencias de la doctrina del multiculturalismo. Tiene razón, pero eso no es todo. Lo triste es que existe una gran confusión conceptual: muchas personas creen de buena fe que por multiculturalismo se entiende la convivencia pacifica de las distintas culturas. Nada más lejos de la realidad: el multiculturalismo consiste en considerar equivalentes todas las culturas, darles idéntico valor, de modo que es preciso respetar todos sus principios, leyes y costumbres. Por este camino, habrá que respetar la práctica de la antropofagia o del incesto entre los inmigrantes que tengan ambas prácticas por tradicionales.

No hace mucho tiempo se entablaron descabelladas discusiones en el seno de la Unión Europea a propósito de la ablación del clítoris de las niñas. Hubo quien no se limitó a exigir respeto para tan abominable práctica, sino que reclamó que se practicara en los hospitales con el fin de que se observaran las necesarias reglas de higiene. Otros insólitos defensores de semejante barbaridad llegaron a compararla con la circuncisión que en el judaísmo (y en el islam, por si lo han olvidado) se practica a los varones, absurdo explicable sobre todo por la creciente judeofobia europea: pues, a diferencia de lo que ocurre en la clitoridectomía, esa operación no consiste en la eliminación de órgano alguno, ni afecta de ningún modo la salud o la estabilidad emocional y sexual del circuncidado.

Algunos padres que no profesan la religión islámica han manifestado su desacuerdo con la presencia de crucifijos en las aulas. Eso no cambia las cosas. La intolerancia no es un defecto exclusivo del islam. Todos ellos, profesen o no alguna religión, se niegan a aceptar algo establecido desde épocas lejanas y que, quieran o no, es propio de la mayoría de la población española. El caso es que exigen para sí mismos lo que son incapaces de brindar a otros.

La tolerancia, según estas personas, parece consistir sólo en que se respeten sus propios sentimientos, pruritos y reticencias. Ellos no ofrecen lo mismo a cambio, ni en los países islámicos ni, por lo visto ahora, en los restantes: quienes piensan de otro modo no pueden manifestar sus ideas y creencias, so pena de ofender a una minoría que pretende imponer sus leyes en un país que ha acogido a inmigrantes de creencias y concepciones muy diversas. En el caso que ha motivado estas reflexiones, el niño que dio lugar a la denuncia contra el profesor es español por nacimiento, pero no sus padres. Fueron acogidos por una sociedad de credo y organización diferentes a las suyas. Una sociedad a la que pretenden transformar.

Es curioso que, junto a fenómenos semejantes, subsista la discriminación hacia los iberoamericanos en algunos sectores de la población española. Y más curioso aún es que no se haya oído hablar nunca de denuncias de ecuatorianos o de peruanos porque se les llame "sudacas"; o porque, ante alguna injusticia o actitud incomprensible, se les diga que se vuelvan a "su país", posean o no la nacionalidad española; o porque se les considere menos cualificados que los nativos en cualquier materia, o porque las peculiaridades de su español susciten burlas.

La inmigración musulmana de la pasada década no criticaba los símbolos religiosos ni las costumbres de los cristianos. Ahora está haciéndose cada vez más agresiva.
Tenemos mucho que aprender sobre tolerancia, porque no tenemos en lo absoluto claro en qué consiste esa virtud. Por lo demás, ha llegado el momento de que el gobierno establezca con claridad los límites de dicha tolerancia, que precise los derechos y deberes de las minorías. No se aduzca que la religión debe ser un asunto privado, porque el menor y los padres del caso del jamón no parecen compartir esa consideración. El respeto y las exigencias que de esta sagrada noción se derivan son un derecho de todos, no sólo de ciertos grupos.

Ha llegado la hora de que España –y el resto de Europa– deje claro qué lugar corresponde a cada grupo en la sociedad. Es tiempo de decir al islam que no tiene derecho a exigir a Occidente lo que no permite en sus países. No debe existir tolerancia con quienes no son tolerantes, ni cabe el respeto al que no respeta. ¿Han venido a crearse una vida nueva? Pues se les ha acogido bien. No pueden pretender imponer sus costumbres ni sus leyes, ni intentar destruir la columna vertebral de nuestro modo de vida. ¿Son ajenos al mundo occidental? Tienen países de sobra en los que imperan sus leyes y costumbres. Si no les gusta nuestro modo de vida, es hora de que, en lugar de intentar modificarlo a su manera, se replanteen su permanencia entre nosotros, que no vamos a sus tierras a imponernos ni a decirles qué deben hacer. Y que no se nos eche en cara la historia de las Cruzadas: podríamos replicar, por nuestra parte, y por sólo citar un ejemplo, con el asedio otomano a Viena.
Creo que vivimos momentos de decisión; y, como creía Oriana Fallaci, hay momentos en la vida donde hablar es una obligación, un deber civil, un desafío moral, un imperativo categórico al cual uno no puede sustraerse.

Mostrar a tus contactos de XING

jueves, 23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Un año más, y van seis, todos los que hacemos este blog (o sea, yo) queremos desearos a todos una muy felices y santas fiestas de Navidad.

El motivo escogido es, esta vez, un fresco del claustro de la Colegiata de Alquézar, Huesca, siglos XV a XVI. Esta población, curiosamente, está ligada para mí al verano, pues ha sido punto de partida y llegada de mis tres descensos del río Vero. La otra razón por la que lo empleo es que la foto está hecha por mi hermano Carlos, que es quien, con su familia, me la ha enviado.

Estoy casi seguro de que muy pocos más han felicitado la Navidad con esta pintura:

¡FELIZ NAVIDAD!

© Carlos Tarifa Valentín-Gamazo



Mostrar a tus contactos de XING

domingo, 12 de diciembre de 2010

"El profesional es sujeto de derechos y debe ser consciente de que puede exigir"

Entrevista publicada en Diario Médico,

OLLERO CODIRIGE EL MÁSTER DE BIOÉTICA Y BIOJURÍDICA

Por segundo año consecutivo la Universidad Rey Juan Carlos, en colaboración con el Colegio de Médicos de Madrid, inicia su máster de Bioética y Biojurídica como título propio de dicha universidad.

Marta Albert, María Dolores González y Andrés Ollero.

Andrés Ollero, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos y codirector del máster junto con Manuel de Santiago, presidente de la Comisión de Deontología del Colegio de Médicos de Madrid, afirma que este año "se ha mantenido que las clases se impartan la tarde los viernes y la mañana del sábado". Además, durante el curso "se acentúa el análisis de los casos clínicos y los talleres que los alumnos trabajan en casa y que periódicamente se debaten".

María Dolores González, secretaria del máster y exalumna, afirma que desde su experiencia el máster contribuye a "ver la Medicina desde un segundo plano. El teórico hace referencia a la formación técnica del profesional, pero en un segundo nivel estaría la relación médico-paciente, la vinculación del mundo jurídico con el médico, etcétera, ámbitos que el facultativo desconoce".

La dirección del máster no se olvida de los cambios normativos y las implicaciones éticas que han tenido hechos como la entrada en vigor de la nueva ley del aborto.

Mayor protagonismo
Marta Albert, subdirectora del máster, dice que este año "se ha intensificado el módulo sobre objeción de conciencia. El médico se enfrenta todos los días a decisiones no sólo técnicas sino también relacionadas con la ética y el derecho para la que no tiene respuesta".

En este punto, Ollero afirma que "el médico tiende a situarse como objeto de la norma jurídico y no como sujeto activo". Por eso "son importantes los conocimientos en materia jurídica, ya que el médico debe saber qué puede exigir, pues de lo contrario estará sujeto a lo que dispongan los políticos de turno. No se puede ser sujeto pasivo, sino activo, de tal forma que el facultativo forme su propio criterio sobre temas éticos y jurídicos y no los transfiera a otros ámbitos". Albert afirma que "lo que se detecta entre los profesionales es un déficit de conocimiento, pues tiene una visión distorsionada del Derecho. Tienen en el Derecho una fe que luego no cubre las expectativas".

La falta de formación del profesional es algo en lo que coincide María Dolores González, pues es necesaria para "humanizar la medicina y ver de forma más justa la relación médico-paciente".


Mostrar a tus contactos de XING