domingo, 11 de septiembre de 2011

Presencia de la Religión en el espacio público

Entrevista al catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad ey Juan Carlos, Andrés Ollero Tasara, en Radio COPE, septiembre 2011



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sábado, 10 de septiembre de 2011

Charlotada

TERCIO DE QUITES

Por Andrés Ollero Tassara. catedrático Ideal Granada, 8 de septiembre de 2011

“Los manifestantes insultaron de forma insistente a todo peregrino que veían, a los que era fácil identificar por su atuendo y sus mochilas” (de la prensa diaria)

No todo lo que encuentra acogida en una plaza de toros merece el calificativo de taurino. Edificios tan singulares y de tan costosa manutención, llamados a cumplir su estricta función en momentos muy señalados, acaban siendo escenario de espectáculos diversos. Inicialmente se trataba de fórmulas parataurinas, entre las que la charlotada gozó siempre de arraigada tradición, sirviendo más de una vez para acercar a la fiesta -a través de la parodia- a los tiernos infantes. Luego acabaron sirviendo para todo: conciertos de rock, mítines políticos, ópera (Carmen, con rejoneo y todo) y hasta Copa Davis. Por último, la oración se volvió por pasiva. En Vista Alegre, aparte de baloncesto o tenis, puede haber hasta toros. Ahora los grandiosos contenedores multiuso, donde juegan los futbolistas del Bayern o el Schalke, se llaman “Arena”; sin necesidad de que llegue a correr la sangre (Mouriño aún no apareció por allí…).

La primera vez que un Papa pisó estas tierras, sus apoderados se habrían conformado con una plaza de toros; les pareció una temeridad pretender llenar el Bernabéu. La parroquia les acabó dando una lección de fe, aun a costa de que más de la mitad tuviera que quedarse fuera. Ahora ya se sabe de qué va el asunto y hay que comenzar buscando un aeropuerto. Madrid ha servido de escenario de vanguardia. A Habermas lo del laicismo secularizador le parece antidemocrático; hay que ir a una sociedad “postsecular”, en la que -para bien de todos- cada cual pueda expresar lo que lleve dentro, sin más condicionamiento que respetar a los que piensen distinto. Más de un millón de jóvenes han demostrado que no se trata de ninguna irrealizable utopía.

Para algunos, bastaría con eso para que la feria se convirtiera en memorable. Sin embargo, a otros les pareció corto el programa y no se privaron de la charlotada. Creo que han dado igualmente una provechosa lección. No basta con que la fe se pasee a cuerpo y que el Retiro se pueble de confesonarios. Ha sido muy importante que todo el universo mundo se entere de en qué consiste y cuáles son en España las maneras de la pretendida “neutralidad” laicista. Su elocuencia merece un particular agradecimiento; al que le guste tan democrático espectáculo que se apunte a la JMJ de Río de Janeiro; allí saben mucho de carnaval. “Durante más de dos horas los policías se limitaron a intentar interponerse -sin éxito- entre manifestantes y peregrinos y a aconsejar a los participantes en la JMJ, muchos de ellos menores de edad, que abandonaran el lugar para no ser agredidos por los indignados”. Al octogenario Habermas le habría dado un síncope comprobar los escasos progresos de más de un no creyente en ese “proceso de aprendizaje” que, con no poco optimismo, les viene recomendando.

Claro que los misioneros del laicismo no están solos. Para “neutralidad” la de algunos medios de comunicación: un cuarto de kilo para cada uno y todos contentos. A mí el asunto me cogió en Alemania, porque justo en esos días (a quién se le ocurre, ¡con un paso de palio en la calle Alcalá!) teníamos en Frankfurt el Congreso Mundial de mi asignatura. Por la mañana me desayunaba con la televisión y el informativo de turno: un minutito de Papa y otro para los antidisturbios observando atentamente a los indignantes. Pura neutralidad. A mi vuelta, releí prensa de esos días. ABC lo plasmó con elocuencia: una mota situaba a la Puerta del Sol en el océano de Cuatro Vientos. Me acordé del chiste de los náufragos que repasaban ansiosamente la carta de marear, en la que se adivinaba una mota similar: si es una isla, estamos salvados; pero como sea una cagada de mosca…


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sábado, 3 de septiembre de 2011

JMJ y futuro

Por Manuel Atencia Robledo, en Málaga Hoy, el 28.08.2011

ESTA semana escribía el dirigente socialista  Francisco Vázquez que le sorprendía el afán de amplios sectores del autodenominado progresismo español en desacreditar a Benedicto XVI, presentándolo como un integrista impulsor de un retroceso reaccionario en el pensamiento y la acción de la Iglesia. A mí también me sorprende porque el que se acerca a su vida y a su obra descubre todo lo contrario de ese estereotipo erróneo e injusto.

 El que haya seguido la JMJ de Madrid, habrá visto que Benedicto XVI no es ni integrista ni reaccionario. Al ver y escuchar a este hombre de 84 años, de gesto dulce y de mirada viva, se comprueba la profundidad de su pensamiento, expuesto siempre desde un profundo respeto y tolerancia hacia las ideas de los demás, lo que no impide su firmeza en la defensa de los valores de la fe católica.

 Como defendió Juan Pablo II, la Iglesia no quiere imponer, solo proponer. La Iglesia de Benedicto XVI ni quiere imponer sus ideas ni busca situaciones de privilegio, pero no debe obviarse que donde existen unas raíces en las que el cristianismo ocupa un lugar preeminente, como en España, la Historia y la singularidad como pueblo no se pueden comprender sin la aportación de la Iglesia.

 La JMJ de Madrid ha demostrado la vitalidad de la Iglesia Católica y la capacidad de convocatoria de Benedicto XVI al reunir en pleno mes de agosto a millón y medio de jóvenes de todas las nacionalidades, consecuentes con su fe e identificados con el mensaje del Papa, que una vez más los ha invitado, a ellos y a todos, a la búsqueda de la verdad como único camino capaz de dar contenido a sus vidas. Esa presencia masiva de jóvenes alegres, naturales, cívicos, consecuentes y sacrificados, también rompe tópicos e imágenes artificiales de la juventud y de los cristianos, y nos propone un futuro esperanzador.

 En la JMJ se ha comprobado la viva realidad de la Iglesia que tanto cuesta reconocer a los que están empeñados en ignorar la vital importancia que el hecho religioso tiene en nuestra sociedad y en nuestra cultura. Una vez más, se ha demostrado que son inútiles los intentos de reducir la religión al ámbito privado. Los valores de la fe son principios compartidos por millones de personas y determinan la posición de los católicos ante los problemas políticos, económicos y sociales.

 La Iglesia, como se ha destacado estos días por muchas personas no creyentes, es el gran baluarte de la defensa de la dignidad humana y los valores que profesa y defiende contribuyen a mejorar la sociedad. En este mundo en crisis, la Iglesia y Benedicto XVI pueden ofrecer respuesta y orientación a muchas de las demandas de la sociedad de hoy y, especialmente para los más jóvenes, puede llenar de contenido el vacío de pensamiento actual.

 Después de escuchar al Papa y ver a esos millones de jóvenes ilusionados, miro al futuro con más esperanza si cabe.

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miércoles, 3 de agosto de 2011

Prohibido criticar a Daniela M.

Artículo de Alejandro Navas, profesor de sociología de la Universidad de Navarra, lunes 30 de mayo de 2011

Nacida en Croacia en 1975, Daniela Matijevic crece en Alemania. Una vez terminada la enseñanza secundaria, se alista en el Ejército, en el cuerpo de Sanidad. En 1999 es enviada a Kosovo, donde pasará cuatro meses. Trabaja de sanitaria, dedicada a labores de rescate, y también de intérprete. Regresa a Alemania, y al cabo de cuatro años de permanencia en el Ejército, abandona la milicia. Marcada por la experiencia de Kosovo, muestra síntomas atribuibles al estrés postraumático: dolores de cabeza, insomnio y dificultades para la concentración. Los diversos tratamientos médicos no consiguen aliviar su sufrimiento. Lógicamente, este cuadro le impide reintegrarse con normalidad a la vida civil. Intenta estudiar Medicina, con la ilusión de llegar a ser anestesista, pero no consigue avanzar. Debe renunciar a su sueño profesional y sigue sin hallar un trabajo estable.

Pasan los años y después de varios intentos por encauzar su vida, Daniela tienta la suerte como escritora. Redacta el borrador de una novela, inspirada en buena medida en su experiencia kosovar. Como es característico en casi todo escritor primerizo, vuelca en su relato gran parte de su propia peripecia biográfica. La editorial le sugiere que convierta la novela en un relato de no ficción, con aire de reportaje. Así lo hace, y en 2010 ve la luz 'Hubiera podido vivir con el infierno'. El libro encuentra un éxito inmediato. Refleja de modo vivo los horrores de la guerra, con escenas terribles. Aparte de los inevitables asesinatos y violaciones de niños, cuenta, por ejemplo, cómo los integrantes de su unidad se vieron obligados a matar un perro y a comérselo, acuciados por el hambre.

La autora se hace muy popular y los medios de comunicación se pelean por entrevistarla. Se convierte enseguida en una visitante habitual de talk shows y magazines. Como escribe el periódico Hamburger Abendblatt: «Posiblemente su libro resulta tan emocionante porque la autora es una mujer, y desde su perspectiva femenina la guerra parece todavía más brutal».

Tanto ruido llama la atención de gente que también estuvo en Kosovo en esa época, que no tarda en denunciar el carácter ficticio de esos tremendos episodios. Además de las fabulaciones, hay en el texto numerosos errores de bulto, como por ejemplo convertir en católica a la población de Serbia. Lo mismo vale para sus alusiones de tipo histórico, que revelan un profundo desconocimiento de la realidad de los Balcanes. Parece que, al final, Daniela no consiguió saltar limpiamente de la ficción a la realidad.

El escándalo debería estar servido, pero las críticas se contienen. En opinión del Frankfurter Allgemeine Zeitung, el diario que se aventuró a denunciar el fraude, este sospechoso silencio se debe a la triple condición de la autora: mujer, inmigrante y lesbiana. Todo el que se atreva a poner en evidencia su montaje se expone, por tanto, al triple reproche de machismo, xenofobia y homofobia: demasiado atentado contra la corrección política. Entretanto, Daniela ha sido desplazada a un segundo plano, no por la verdad, sino por los acontecimientos de Japón y del Norte de África.

La vigencia de esos estereotipos, conformadores de la «corrección política», no resulta exclusiva de Alemania. Se observa de parecida manera en todos los países occidentales. Una especie de ley no escrita indica lo que se puede o no se puede decir. Recuerdo una emisión del programa de TV3, La nit al dia, en la que cuatro humoristas, inconoclastas y rompedores, coincidían en reconocer que ya no hay censura, pero que a la vez no pueden hacer chistes sobre los colectivos homosexuales y feministas: «No puedes hacer chistes sobre ellos, porque luego has de justificar que no estás contra ellos, y te dan toques, y hay una línea editorial.». En cambio, añadían, hace tiempo que no hay problema en meterse con el papa y con los obispos.

Además, empieza a haber leyes que refuerzan ese clima de opinión de mordazas selectivas. Por ejemplo, en esa dirección apunta la 'Ley integral para la igualdad de trato y la no discriminación', que prepara actualmente nuestro Gobierno. El texto del anteproyecto despide un inequívoco tufo censor. Al paso que vamos, atreverse a decir que el rey va desnudo, como en el cuento clásico que adaptó Andersen, puede llegar a convertirse en una gesta heroica.


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sábado, 25 de junio de 2011

La libertad de educación (y otras) en peligro

La dictadura de la ideología de género mantiene su programa contra viento y marea, a pesar de la crisis, de todas las advertencias, de todos los flagrantes atropellos. Ahora es la llamada "ley de igualdad", en fase de proyecto, un auténtico atentado a la libertad y, en el fondo, a la auténtica igualdad.

He aquí unos cuantos enlaces a artículos que arrojan luz sobre esta cuestión desde variadas perspectivas.

Artículo de Juan Manuel de Prada en ABC. Sobre la ley de igualdad y el derecho al sostenimiento con fondos públicos de los centros de Educación Diferenciada.

Columna de Paco Sánchez en su blog VAGÓN-BAR sobre la exclusión de los centros de Educación Diferenciada de la financiación pública.

El gobierno tendrá que modificar la LOE. El gobierno sigue su “guerra” contra la Educación Diferenciada.

15 razones contra la Ley de Igualdad de Trato.
La Ley de Igualdad de trato y no discriminación prevé su aplicación en todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural y social y singularmente en el empleo, el trabajo, la educación, la salud y los servicios sociales, el acceso a bienes y servicios, incluida la vivienda, la participación social o política y los medios de comunicación.

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martes, 7 de junio de 2011

Un proyecto de ingeniería social

Por Ignacio Sánchez-Cámara, Catedrático de Filosofía del Derecho, periodista y analista político y cultural, en ABC, el 26 de mayo de 2011

El anuncio de Rodríguez Zapatero de que no se presentará a la reelección como candidato de su partido a la presidencia del Gobierno y su desastre electoral no despejan las dudas sobre la continuidad de su proyecto político, al menos hasta la convocatoria de elecciones generales. Ahora de lo que se trata es de si el PSOE persiste o no en él.

Varias han sido y son las interpretaciones sobre la empresa política y la índole intelectual y moral, valga la exageración, de Zapatero. Entre ellas, el «buenismo», el «pensamiento Alicia», la improvisación permanente, la ausencia de proyecto, la ingenuidad utópica. Algunas aciertan, pero solo en parte. En realidad, sea obra suya o no, y más bien cabe conjeturar lo segundo, existe un proyecto político muy bien definido y, en gran parte, consumado. Sus consecuencias quizá solo en parte serán reversibles.

La naturaleza del proyecto consiste en la transformación moral radical de la sociedad. No se trata de un ingenuo u oportunista improvisador. Está orientado por el relativismo ético, pero acaso se trate de algo aún peor. El relativismo es quizá el medio, pero no el fin. Este fin es más la inversión de la jerarquía natural de los valores que su mera disolución. Al cabo, se trata, en muchos casos, de que lo inferior ocupe el lugar de lo superior, y lo malo el de lo bueno. Si estoy en lo cierto, se trata de un proyecto de ingeniería social, es decir, de conformación de la sociedad a la medida de los valores (o contravalores) del Gobierno. Ignoro si todo su partido lo respalda, aunque lo dudo, pero lo cierto es que los discrepantes son o escasos o silentes.

Los ejemplos son notorios. La crisis económica, solo en este sentido providencial, no ha hecho sino aminorar la intensidad del desmán. La nómina es conocida, aunque demasiadas veces se mire hacia otro lado, como si no se quisiera ver la realidad. La nueva legislación del aborto ha transformado un delito en un derecho de la mujer, solo limitado por un plazo arbitrario. La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que muy probablemente contraviene el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos, entraña una usurpación del Gobierno, cuya misión es garantizar el ejercicio del derecho a la educación, pero no determinar su contenido antropológico y moral. La regulación de la experimentación con embriones y la reproducción asistida asesta un golpe decisivo a la dignidad de la vida. Algo más renuente se encuentra, aparentemente, el Ejecutivo sobre la legalización de la eutanasia. Ha elegido, de momento, una vía vergonzante: la regulación de los cuidados paliativos y la «concesión» de un nuevo derecho: el derecho a la muerte digna. Como si hasta ahora el encarnizamiento terapéutico fuera una exigencia legal y la práctica médica no se preocupara de la administración de los cuidados paliativos; como si la legislación actual nos condenara al deber de una muerte indigna. La consideración como matrimonio de las uniones legales entre personas del mismo sexo ha destruido la concepción tradicional del matrimonio y la familia. La legislación sobre la «memoria histórica» entraña una ruptura de la concordia nacional y un agravio al derecho a la libertad de investigación y de expresión. Y ya está preparado el proyecto de ley de no discriminación e igualdad de trato, de naturaleza totalitaria.

Estos son los elementos principales de este proyecto de ingeniería social, que persigue la modelación de la sociedad y sus costumbres a los dictados del poder político. Un poder que, por cierto, nunca ha obtenido la mayoría absoluta, que sí lograron González y Aznar. Sus raíces ideológicas quizá se encuentren, si es que se encuentran en algún lugar, en el nihilismo derivado del posestructuralismo francés. Y su objetivo es el combate contra el cristianismo y el liberalismo (y no cabe olvidar a este último). Todo proyecto de ingeniería social es enemigo de la libertad. Este lo es también del cristianismo, y, más concretamente del catolicismo. Se trata de derruir los fundamentos católicos de la sociedad española, por más que se invoque solo la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa.

Y, de manera solo aparentemente paradójica, se ataca a la libertad mientras se reconocen «nuevos derechos». Por lo demás, los derechos no son creaciones ni concesiones del Gobierno, como si se tratara de un nuevo señor feudal democrático que dispensa derechos a sus vasallos agradecidos. Los derechos solo se reconocen y garantizan, pero no se crean. Además, esta apoteosis de los derechos los convierte en enemigos de la libertad. Y no es extraño. Kant afirmó que tener un derecho es tener la capacidad de obligar a los demás. Todo derecho entraña deberes y obligaciones para uno mismo y para los demás. Desde el aborto al aire limpio. Si abortar, contra todo derecho y razón, se convierte en un derecho, generará obligaciones para el personal de la Sanidad y, en general, para toda la sociedad. Si uno tiene derecho a no aspirar humo de tabaco ajeno, se limitará necesariamente el derecho a fumar en espacios públicos. Y así podríamos continuar con otras limitaciones a la libertad, unas justificadas y muchas no, en el nombre de los derechos Los deberes se cobran así su venganza, y el dispensador de derechos se convierte en generador de cargas y obligaciones.

Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual. Y esto se manifiesta en su designio de que las leyes por él aprobadas, no por cierto las aprobadas por la oposición cuando estaba en el poder, constituyen la única y verdadera moral exigible a todos. Todo gobernante autoritario pretende que su Derecho se convierta en moral. No quiere rivales. El poder temporal pretende suplantar hoy al poder espiritual. Y esto solo es posible cuando el poder espiritual está vacante.

Ortega y Gasset afirmó en La rebelión de las masas que Europa se había quedado sin moral. Parece que seguimos así, pues, si la hubiera, no podría fabricarla a su antojo el Gobierno. Al final del segundo volumen de La democracia en América, afirmó Tocqueville que las naciones democráticas de sus (nuestros) días no podían evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero que de ellas dependía que la igualdad condujera a la libertad, la civilización y la prosperidad, o al despotismo, la barbarie y la miseria. De nosotros, me refiero a los españoles, depende, pero mucho me temo que hayamos emprendido el camino equivocado. Pero el futuro no está determinado, y podemos cambiar el rumbo. Mas conviene advertir que no se trata solo de un cambio de Gobierno, con ser este necesario y urgente, sino de algo mucho más profundo y difícil: la restauración de la moral. Por eso, el único modo de combatir el proyecto de ingeniería social consiste en emprender otro proyecto alternativo de regeneración intelectual y moral. La política, imprescindible, vendrá después y de suyo. Están en juego la libertad, la civilización y la prosperidad.

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lunes, 23 de mayo de 2011

Una Constitución innovadora para Hungría

Hungría ha aprobado por una amplia mayoría una nueva Constitución que reconoce el respeto de la vida humana desde la concepción, junto con el valor central de la familia, el matrimonio entre hombre y mujer y la libertad de educación, además del “papel del cristianismo en la pervivencia de la nación”. No es de extrañar que la opinión dominante haya vertido su cólera acusándola de violar los “estándares europeos”.

En ACEPRENSA
Firmado por Gonzalo Orti del Hoyo
Fecha: 18 Mayo 2011

De entrada, el hecho de que Hungría tenga una nueva Constitución debería ser motivo de satisfacción para Europa, pues ha sido el último país del antiguo bloque soviético en desembarazarse de la constitución comunista. El impulsor del texto ha sido el primer ministro Viktor Orbán, líder del partido conservador Fidesz, que tiene una mayoría de dos tercios en el Parlamento. La nueva Constitución húngara, aprobada el pasado 18 de abril de 2011, reemplaza a una carta magna de 1949 llena de parches para adaptarla a la vida democrática. El presidente de Hungría, Pál Schmitt, la ratificó el 25 de abril, y entrará en vigor el 1 de enero de 2012.

Pero cualquiera que haga una búsqueda amplia de noticias sobre el acontecimiento, por ejemplo en Google News, se encontrará con un chaparrón de titulares acusando a la nueva Constitución de “ultraconservadora”, “discriminatoria”, “antidemocrática”, violadora de “los estándares europeos e internacionales, de las libertades individuales y de los derechos del hombre”. También se lee por doquier que “ha sido duramente criticada por algunos socios de la Unión Europea” y por las instituciones europeas.

“Terror” en las cancillerías
Pero si se busca en Google, en varias lenguas, esas declaraciones de escándalo y horror de los líderes europeos, todo es en vano. Lo más que se puede encontrar, por parte de alguna institución de la Unión, es una respuesta de un portavoz de la Comisión Europea en la que espera que “la nueva Constitución sea conforme con los valores europeos”. Según mi larga experiencia de informador en Bruselas, los portavoces son maestros en decir lo que hay (o lo que no hay) evitando enfrentarse a la opinión dominante.

Por parte de “algunos socios de la Unión Europea”, sólo ha llegado a mis ojos una frase insinuante tomada del diario español El País: “La flamante Ley Fundamental de Hungría –actual presidente de turno de la UE– ha levantado ampollas en Bruselas y Berlín, donde un alto funcionario de Exteriores dijo ayer que ‘consolida un concepto de derecho difícilmente compatible con los principios de la UE’ (nótese la precisión a la hora de citar la fuente en la que fundamenta el origen de esas “ampollas”).

Según he leído más tarde en alguna otra fuente, el alto funcionario alemán era Werner Hoyer, un secretario de estado dependiente del Ministerio de Exteriores. Poco después, el 5 de mayo, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se entrevistó en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel. Y en la cumbre no se trató para nada sobre la nueva constitución húngara.

Ni siquiera en el Parlamento Europeo, que alberga a políticos de todas las tendencias, ha cuajado el intento de debate dirigido a denostar la carta magna húngara y a su gobierno (solo reunió para ello un cuarto del hemiciclo). Otro foro de opinión aún más amplio y variopinto, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (que, como se sabe, no es una institución de la Unión Europea) ha contratado a un grupo de expertos para que realice una auditoría a la Constitución húngara. El encargo ha caído, “por casualidad”, en el grupo llamado “Venice Commission”, que ya se encargó de imponer a los legisladores de Kosovo que retiraran de su borrador constitucional la protección al niño no nacido y la distinción entre hombres y mujeres en el matrimonio. Sus conclusiones están, de antemano, cantadas.

Voces críticas
¿De dónde entonces, tantos periodistas sacan esas frases tan aterradoras? Al leer los artículos completos, se observa que sus autores, tras dar la noticia de lo aprobado en Hungría, rellenan las líneas citando al líder del partido socialista húngaro de la oposición, MSZP, y a grupos feministas, gays y defensores de los derechos humanos (la mayor parte de las veces ni los mencionan por su nombre, con excepción de la omnipresente Amnistía Internacional).

Los socialistas –que en las elecciones de 2010 quedaron reducidos a su mínima expresión– denuncian un viraje autoritario por el hecho de que la Constitución no haya sido aprobada con el consenso de todos. En efecto, de los 384 diputados del Parlamento húngaro, “sólo” la aprobaron 262, contra 44 que votaron en contra, uno que se abstuvo y 77 que se salieron sin votar como protesta. Los sondeos de opinión daban también un apoyo mayoritario del país a la reforma.

Es decir, la deriva autocrática del primer ministro Viktor Orbán le viene de haber obtenido su partido una amplia mayoría absoluta en las elecciones: el malo de la película, el culpable, es el votante húngaro. Que lo diga el político que acaba de perder es, si no normal, al menos “lo corriente”; pero que lo repitan indiscriminadamente tantos periodistas, da que pensar.

Por parte de Amnistía Internacional (no está claro si es una opinión oficial o de algún miembro) y del cortejo de asociaciones feministas y gays evocadas, el argumento es que la nueva Constitución implanta unos valores que pueden ir contra sus propios intereses y objetivos, pues amenaza con restringir el “derecho” al aborto y a los matrimonios y adopciones homosexuales. Es decir, atenta contra las libertades individuales y los “estándares europeos e internacionales de derechos humanos”.

Esos estándares internacionales
Es hora, pues, de verificar este último aspecto: la supuesta amenaza de esta carta magna contra los principios de las democracias y de Europa.

El preámbulo reconoce “el papel del cristianismo en la pervivencia de la nación”. Los críticos deben de ver en esto una falta de libertad fundamental: la suya a no oír una opinión que les contraría. En cualquier caso es cierto que resulta, por primera vez en nuestra Europa siglo XXI, una postura decidida de no renunciar a la propia historia ni al origen de los valores que forjaron los actuales.

El texto considera “que la base de la existencia humana es la dignidad humana”, que “la familia y la nación constituyen el marco principal de nuestra convivencia y que nuestros valores fundamentales son la fidelidad, la fe y el amor”. Peligrosos principios, incluso revolucionarios.

“La vida del feto deberá ser protegida desde el momento de la concepción”, se lee en la Constitución. ¿Se opone esta frase a la Carta de Derechos Fundamentales de la UE (2000) donde se dice que “la dignidad humana es inviolable” y “será respetada y protegida” (artículo 1) o que “toda persona tiene derecho a la vida”? ¿O al Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales de 1953 (“el derecho de toda persona a la vida está protegido por la ley”)? ¿O a la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), donde se afirma que “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”?

Es verdad que la carta magna húngara “innova” al precisar que esa vida humana es protegida desde la concepción, pues los que redactaron los tratados internacionales que fundamentan nuestros valores esenciales no tenían ninguna razón para explicitarlo. Pero esta precisión ya figuraba en la no tan antigua Convención sobre los Derechos del Niño (1989), al tener presente que “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento".

Ni estos textos mencionados ni ninguno de los otros numerosos tratados internacionales mencionan la existencia de un “derecho a acabar con la vida del niño no nacido”, que fuera superior al continuamente proclamado derecho de todo ser humano a la vida.

Tras la aprobación de la Constitución, el primer ministro húngaro ha lanzado una campaña institucional para reducir el número de abortos mostrando el valor de la vida por nacer. A pesar de que el texto de los anuncios no es ofensivo para nadie –“Entiendo que no estés preparado para tenerme, pero podrías darme en adopción. ¡Déjame vivir!”–, se ha levantado una campaña feminista para frenarla. Estas asociaciones argumentan que se está diciendo a la sociedad que abortar es un asesinato. Convencer a la sociedad es la forma en que el Gobierno pretende luchar para revertir una práctica, fomentada por los comunistas, en lugar de abrogar directamente la ley que legaliza hoy el aborto a petición hasta la duodécima semana.

La protección del matrimonio
La Constitución húngara establece también que el Estado protegerá “la institución del matrimonio como una comunidad de vida entre un hombre y una mujer y la institución de la familia”. Volvemos a encontrarnos con una patata caliente. En Europa, esta precisión del significado del matrimonio sólo aparece en la Constitución de Polonia de 1997, aunque se desprende de la forma en que están redactados la mayoría de las constituciones y los tratados internacionales. En ellos, la familia (se sobreentiende “de padre y madre”) requiere una protección particular por su función esencial en salvaguardar y continuar la sociedad.

En un repaso rápido por documentos internacionales, resulta que la familia es reconocida como “el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado” por la Declaración Universal de Derechos Humanos y, en términos casi iguales, por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas y por la Convención sobre los Derechos del Niño. Esta última expresa la convicción de que “la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad”.

Tabla de salvación
En última instancia, lo que aquí se lidia es una batalla entre dos concepciones opuestas de la sociedad: la que han plasmado nuestras constituciones y declaraciones universales de derechos humanos y la que quieren imponer de hecho en el orden internacional y nacional unos grupos de interés que, por desgracia, hoy controlan la opinión pública.

En el fondo, los húngaros no han hecho más que dotarse de una salvaguardia de su país y sociedad. Hungría, que tiene un índice de fecundidad de 1,3 hijos por mujer (el nivel necesario para el reemplazo generacional es 2,1), sólo quiere sobrevivir. Es consciente de que evitar la destrucción de niños no nacidos y proteger el ecosistema natural en que se crean los ciudadanos (la convivencia estable entre hombre y mujer) es la única salida a la crisis demográfica que va a venir. Y de que tampoco la inmigración es una solución a medio plazo.

Aspectos políticos polémicos
Una lectura completa de la Constitución húngara de 2011 ofrece la imagen de un Estado occidental moderno, con instituciones democráticas, división de poderes, separación Iglesia-Estado, respetuosa de las libertades individuales, de los derechos de las minorías y del medio ambiente, y abierta hacia la integración europea y las instituciones internacionales. No obstante, el texto incluye algunos artículos atípicos, aparte de los mencionados en este artículo, que han causado inquietud en ciertos medios:
• Una de las principales preocupaciones del legislador es acabar con el abuso financiero y la corrupción. En este sentido, limita el poder del Tribunal Constitucional en cuestiones presupuestarias y fiscales mientras la deuda pública supere el 50% (actualmente se encuentra en el 80%). Además, el presidente podrá disolver el Parlamento si no se aprueba un presupuesto, y sólo las empresas con estructuras y actividades transparentes podrán recibir contratos públicos.
• Con el objeto de reforzar las medidas adoptadas por el actual gobierno (que, de forma atípica, ostenta la mayoría de dos tercios en el Parlamento), la Constitución establece un rango de leyes orgánicas que requieren esta mayoría para ser modificadas. Éstas afectan, entre otras, a las leyes fiscales y de pensiones, la ratificación de tratados internacionales, y la protección de las familias, así como a cualquier reforma constitucional.
• Otra de sus preocupaciones son las minorías de origen húngaro en otros países europeos. Por eso, el artículo G establece que “todo niño nacido de un ciudadano húngaro será ciudadano húngaro por nacimiento”. Añade que una ley orgánica establecerá otros medios para obtener la nacionalidad húngara. Este artículo ha generado en países vecinos el temor a una posible injerencia extranjera.
• Por la prioridad que se quiere dar a las políticas natalistas, el artículo XXI propone una medida curiosa: “No podrá considerarse una infracción a los derechos de igualdad de voto si una ley orgánica crea un voto adicional para madres de familia con niños menores o, cuando la ley lo prevea, que otra persona pueda disfrutar de un voto adicional”.

Hungría en cifras:
Población: 10 millones.
Indice de fertilidad: 1,3 hijos por mujer.
Crecimiento vegetativo: –0,3.
Esperanza de vida: 74 años.
Mayores de 65 años: 17%.
Religiones: Católicos 52%, Calvinistas 16%, Luteranos 3%, Greco Católicos 2,6%, otros cristianos 1%, otros o no afliados 25,5%.
Partido gobernante: Fidesz (52,7% de los votos en las últimas elecciones).
Primer ministro: Viktor Orbán (desde 29 Mayo 2010).
PIB per cápita: 19.000 dólares (2010).
Tasa de paro: 10,7%.
Sector privado: 80% del PIB.

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