lunes, 21 de marzo de 2016

Los torquemadas del lobby LGTBI

El verdadero valor se necesita hoy para ir contra corriente y oponerse a la nueva tiranía de género. Por eso he agradecido que me enviaran este artículo de Joan Font publicado en El Mundo Baleares, titulado Los torquemadas del lobby LGTBI.

No solo por el valor; sobre todo, porque sirve de aviso de lo que está pasando, casi sin darnos cuenta. Por eso lo traslado a este blog -dedicado a defender la libertad frente a las tiranías contemporáneas-, por si ayuda a reaccionar. ¿O ya es demasiado tarde?

El Mundo 12/03/2016
Joan Font Rosselló

foto atarifa CC
Decía Chesterton que «atacar cosas caducas y anticuadas no supone ningún coraje, no supone más que el que se necesita para agredir a su propia abuela. El hombre realmente valiente es aquel que desafía tiranías jóvenes como el alba, supersticiones frescas como las primicias en flor». Cito estas bellas palabras de Chesterton para felicitar a Agustín Buades, hasta hace poco presidente del Instituto de Política Familiar de Baleares, por su valentía a la hora de denunciar en solitario este calamitoso proyecto de ley que ha entrado en la Cámara balear y que tiene por objeto «garantizar los derechos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales». Buades ha publicado una serie de artículos muy acertados donde ha puesto los puntos sobre las íes y en los que ha expuesto lo que piensan muchos y que pocos se atreven a decir, por la estigmatización que supone situarse contra el poderosísimo lobby gay.

Las posiciones del lobby LGTBI están tan intrínsecamente unidas a la corrección política dominante que, en su toma de consideración en el Parlament, se leyó como aperitivo al debate -otorgándole un carácter de institucionalidad sin venir a cuento- un manifiesto del colectivo de marras donde se afirmaba que «rechazar esta ley era homofobia, bifobia y transfobia» y no sé si me olvido de alguna fobia más. Observamos, por tanto, que la actitud de este colectivo es de censura. Son los nuevos inquisidores de una nueva tiranía, que diría Chesterton, la religión LGTBI, la única verdadera, que nos dicen a los demás lo que debemos pensar y aceptar so pena de caer en la estigmatización social. Me recuerda a los filólogos de la UIB para quienes la no utilización de un correcto estándar por parte de los personajes públicos debería ser motivo de «reprobación social». El colectivo-víctima LGTBI no quiere discrepancia, no quiere debate público, sólo sometimiento y censura. Por eso, y por su ferocidad, el silencio en torno a estas cuestiones es atronador.

Los argumentos de Agustín Buades son impecables. La lucha contra la discriminación es la lucha por el respeto y la dignidad de aquel que es diferente a mí, sea homosexual, musulmán, leninista o nacionalista. Esta dignidad, sin embargo, no nace por el respeto o adhesión -nula- que me puedan merecer la ideología de género, el Islam, el leninismo o el nacionalismo, sino por el hecho de ser personas de carne y hueso. Les respetamos no porque sean homosexuales, musulmanes, leninistas o nacionalistas, sino porque son personas como nosotros. De ahí, por ejemplo, que no sean lícitos en democracia los ataques personales (al destruir la dignidad del otro) y en cambio sí lo sea atacar las opiniones ajenas, puesto que el debate plural de ideas es la esencia de la libertad de expresión y de conciencia.

Como apunta Buades, «una cosa son las personas, otra su conducta sexual y otra sus opiniones sobre la sexualidad. A la persona hay que respetarla siempre; y respecto a ella no caben discriminaciones de ningún tipo. Las conductas sexuales, por el contrario, son respetables si no incurren en materia delictiva -como la pederastia- pero no es discriminatorio un juicio crítico sobre ellas. Respecto a las opiniones en materia de sexualidad, se aplica la libertad de pensamiento e ideológica sin más límites que los generales de estas libertades». En cambio, el lobby LGTBI pretende imponer socialmente una determinada visión de la sexualidad y blindarla institucionalmente, identificando cualquier rechazo a la ideología de género como una «discriminación» al colectivo LGTBI. Hasta aquí podíamos llegar.

Ya sé que ciertos matices y distinciones son difíciles de entender para quien ha interiorizado ser una víctima de la sociedad. El gigantesco movimiento del resentimiento que está haciendo furor en España pretende convertir ahora al colectivo LGTBI en un colectivo-víctima con derechos especiales, como si pertenecer a él te diera una identidad distinta que te determinara por completo como persona y, en consecuencia, te hiciera acreedora de una serie de privilegios. ¿Cuáles? El proyecto de ley obliga a educar a los niños considerando la homosexualidad y la bisexualidad, al margen de la libertad religiosa y del derecho de los padres a elegir el tipo de educación para sus hijos. Contempla la censura y un rosario de sanciones administrativas para el discrepante. Las denuncias por homofobia (recordemos que la homofobia ya está penada en España) no deben ser demostradas por el denunciante sino que debe ser el denunciado el que demuestre su inocencia, invirtiéndose la carga de la prueba y convirtiendo estas denuncias en un mecanismo de chantaje en todos los ámbitos, incluso en el lugar de trabajo. Como siempre, después de la mística viene la política.

Todos nosotros somos multidimensionales, somos la suma de todas nuestras dimensiones -entre las que se incluye nuestra orientación sexual y, naturalmente, nuestra opinión sobre la sexualidad-, no seres unidimensionales y absolutamente determinados por una sola dimensión humana, sea ésta el sexo, la orientación sexual, el estrato social, la lengua o una determinada forma de pensar. Las ideologías convierten cada una de estas dimensiones en la premisa sobre la que construyen una visión del mundo parcial y una identidad excluyente, olvidándose de que la persona es algo más que su orientación sexual, su sexo, su lengua o su estrato. El hecho de que el colectivo LGTBI haya estado discriminado históricamente y siga estándolo en otros países no les da ningún derecho a imponer su punto de vista sobre la sexualidad a los demás. Como homosexuales y demás, necesitan reconocimiento, respeto e igualdad ante la ley, no derechos especiales como colectivo. La experiencia nos enseña que es muy difícil que, una vez logrado el reconocimiento que se merecían en sociedades democráticas, este tipo de movimientos no acaben deslizándose por la pendiente de la revancha y el sectarismo. Ha ocurrido con los catalanistas y las feministas, por poner dos ejemplos señeros de esta evolución donde las iniciales y justas demandas de reconocimiento son dejadas de lado una vez han sido aceptadas socialmente para aspirar, en un segundo estadio, a dominar la sociedad. Un dominio ideológico al que quieren llegar gracias al Estado, al que quieren hacer creer que su obligación, en una especie de venganza diferida, es resarcir «aquí y ahora» el daño causado por la sociedad «en el pasado o en otras latitudes».

Que unos paguemos lo que hicieron otros nunca ha sido justicia y nos lleva a un espiral de agravios pretéritos sin fin. Una locura en la que andan enfrascados los de Podemos, un compendio de todas las ideologías sustentadas en la envidia y el resentimiento, de ahí que estos demagogos rebobinen continuamente el pasado en su afán por ajustar cuentas con todos nosotros. Y aunque «el triunfo de las demagogias sea pasajero, las ruinas son eternas», como decía Charles Peguy.

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viernes, 19 de febrero de 2016

La Justicia defiende la objeción de conciencia ante el poder político

Dos sentencias, en Uruguay y en Polonia, acuden en auxilio de la objeción de conciencia médica,
de acuerdo con las respectivas leyes, frente a la inveterada costumbre de los gobiernos de legislar de acuerdo con posiciones ideológicas y desprecio de las leyes (como ya criticó con lucidez Cicerón, la cosa viene de antiguo).

Es conocido que la función principal de la Ley consiste en defender a la persona del abuso de poder; que tiende a utilizarla, por el contrario, para afianzar ese poder, con desprecio de la persona, su dignidad, su autonomía y su libertad originales; que los poderes públicos deberían reconocer y tutelar, en lugar de avasallar, con las ínfulas de considerar que son quienes las otorgan.

Para mí, que el origen de los derechos humanos está en la persona y es anterior al Estado, y no al revés, es la clave de distinción entre lo que hoy llamamos "derecha" e "izquierda", con todos la matices que haya que hacer a continuación.

Pues bien, en sentencia de 11 de agosto de 2015 (descargar), el Tribunal de lo Contencioso acepta parcialmente la demanda de hasta cien ginecólogos uruguayos, anulando, con efectos generales y absolutos los apartados del Decreto 375/012, de 22 de noviembre de 2012, que restringen su derecho a la objeción de conciencia.

El fallo definitivo -informa El Observador- permite a todos los ginecólogos –no solo a los que presentaron el recurso– abstenerse de participar en cualquiera de los pasos que una mujer deba seguir para realizarse un aborto, por no estar de acuerdo con la práctica, lo que se considera objeción de conciencia.

La Revista de Derecho Público dedica un extenso y pormenorizado artículo de Carmen Asiaín Pereira a comentar esta sentencia. Interesante lectura para jurista y defensores de la objeción de conciencia y, por extensión, de la vida humana.

Por último, la revista polaca Ordo Iuris (en inglés, no se asusten), da noticia de una sentencia en el mismo sentido del Tribunal Constitucional de 7 de octubre de 2015. En la información se recuerda el famoso caso del doctor Bogdan Chazan, cesado y despedido de un hospital por negarse a realizar un aborto.


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jueves, 24 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD 2015

Con más motivo en estos tiempos, en los que a ciertas alcaldesas de grandes ciudades españolas se les ocurren las más peregrinas (y estúpidas) ideas. El laicismo de barraca está mostrando su rostro más alelado. Frente a esto, la maravilla, el misterio, el asombro, la belleza y la trascendencia de la Navidad. Ante la luz alumbrada en el silencio de la noche de Belén, no hace falta decir ni hacer nada más: contemplar basta.

Uno de los Nacimientos de mi casa
Autor: Juan Mateo Ruano
foto atarifa (CC)

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lunes, 24 de agosto de 2015

Ideología de género y persona

El mes pasado me pidieron que diera una más charla que conferencia sobre esa corriente cultural de gran fuerza en Occidente que algunos llamamos "ideología de género", a un grupo selecto y variado de profesionales con formación universitaria y amplios intereses.

Escogí como guión la conferencia "Ideología de género y persona. Voluntarismo y dominio", que el profesor Francesco D’Agostino, de la Università de Roma Tor Vergata, pronunció en la reunión para docentes e investigadores universitarios, que organiza cada año la Fundación RUI en Castello di Urio (Lago de Como), del 13 al 15 de junio de 2014 (texto publicado en la revista Studi Cattolici, n. 643, septiembre 2014, pp. 580-584).

Tras un nada fácil -para mí-, proceso de desentrañamiento de las ideas expuestas por el profesor D'Agostino, llegué al siguiente esquema para mi propia exposición:
  1. Tú me dices el yo.
  2. La identificación del yo en tres planos: distinción entre identidad sexual, orientación sexual e identidad de género.
  3. Corrientes culturales de fondo:
    1. Feminismo radical: Toda diferencia es discriminación: leyes anti discriminación.
    2. Autodeterminación: toda persona puede o debería poder configurarse según sus propios deseos, sin ninguna predeterminación cultural o biológica. Aquí late el “seréis como Dios” de la primera tentación (Gen 3,5).
  4. Cuando uno pierde las raíces de su identidad (familia, patria, Historia, cultura) queda a merced del poder que tiraniza haciendo creer que uno hace lo que quiere (Juan Manuel de Prada).
  5. Juan Pablo II: relativismo, sin el timón de la referencia de la verdad, se hace imposible una referencia objetiva al bien en la conducta individual y social, y la nave va a la deriva.
  6. Cuando uno queda en el aire, sin raíces para su identidad, se lo lleva cualquier viento.
1. Tú me dices el yo.

Cuando nace una criatura, todo el mundo se hace dos preguntas fundamentales. La primera es: ¿es niño o niña? La segunda: ¿qué nombre se le ha puesto? Cuando se nos dirige la pregunta ¿quién eres? y damos una respuesta, estamos recurriendo, aunque no nos demos cuenta, al otro y a su providencial ayuda (y éste es el sentido profundo del auspicio del rey Lear; Who is that can tell me who I am?), no porque la palabra del otro sea infalible, sino porque ponernos a su escucha hace activa en nosotros la conciencia de que es indispensable que la respuesta sea conforme a la verdad, y no según nuestro arbitrio. Lo que Pedro Salinas expresa tan poéticamente: Posesión tú me dabas de mí, al dárteme tú.

2. La identificación del yo en tres planos: distinción entre identidad sexual, orientación sexual e identidad de género.

El primero es el plano de la identidad sexual, que tiene una objetividad natural: la presencia de los cromosomas XY o XX. QUÉ SOY.
El segundo plano es el de la orientación sexual, y se refiere a la atracción pulsional, que puede dirigirse hacia personas del propio sexo. o a otros objetivos. QUÉ SIENTO
El tercer plano, es el de la identidad de género. Este se refiere a cómo se identifica una persona a sí misma en su propia mente, o más propiamente, a cómo una persona decide identificarse. QUÉ DECIDO SER.

El primer y segundo plano se refieren a una dinámica de hetero-determinación o, por emplear una expresión enfática, al destino; el tercer plano se refiere a la autodeterminación o, si se prefiere, a la elección.

3. Corrientes culturales de fondo.

Algunos estudiosos, incluso simpatizantes con los Gender Studies, comienzan a pensar que el del género es un modelo de transición, cuya función, en el momento histórico actual, podría reducirse fundamentalmente a desquiciar la idea tradicional según la cual el género humano se cualifique a partir de una obligada vocación genealógica. El objetivo último de los Gender Studies consistiría por tanto en cancelar la imagen del hombre como animal familiar. Según el parecer de estos estudiosos, la desestructuración y la desimbolización de la diferencia entre los sexos, potenciada por la banalización de las nuevas posibilidades de procreación asistida y sobre todo por la producción de embriones constitutivamente sin padres, vaciarían desde dentro el triángulo padre/madre/hijo y abrirían una nueva e irreversible fase de la autocomprensión histórica del hombre.

Esos días cayó en mis manos un reportaje (MAGAZINE, 29 de julio 2015) en el que el afamado Luis Rojas Marcos aventuraba que dentro de cincuenta años "sin duda habrá desaparecido la institucionalización legal y cultural del matrimonio (...). Las relaciones entre las personas serán más variadas y abiertas. La institución matrimonial como existe ahora no va con la con la mentalidad del ser humano, con sus cambios y etapas de vida". Cosa que me recuerda a esa nueva concejalía del ayuntamiento barcelonés llamada Ciclo de Vida, Feminismos y LGTBI.

La afirmación de un yo asexuado (o bien de un yo libremente polisexuado, que es esencialmente lo mismo) sería la frontera de la completa liberación social de la subjetividad y del eros, a lo que seguiría el comienzo de la nueva era.

Casualmente, recuperé poco antes dos fichas que conservo medios traspapeladas entre mis notas y papeles sobre laicismo. Son de 2004, y en ellas se apunta ya el largo aliento de algunas medidas políticas concretas:
La imagen de España en el mundo ha cambiado en estos 6 meses. El reconocimiento del matrimonio de homosexuales es un cambio histórico, de concepción de la sociedad, de valores, y eso tiene un potencial transformador muy importante. Estamos cambiando muchas cosas y lo mejor está por venir (José Luis Rodriguez Zapatero entrevistado por Jesús Ceberio, El País, 17 de octubre de 2004).
 Este gobierno ha presentado todos los cambios como una suerte de revancha a nivel social. Son iniciativas legales que llevan a crear una nueva conciencia social, como ocurrió con las leyes del aborto y del divorcio. Este es el efecto deseducativo de las normas (José Luis Requero, Vocal del Consejo General del Poder Judicial, Alfa y Omega, 21 de octubre de 2004).
4. Cuando uno pierde las raíces de su identidad (familia, patria, Historia, cultura) queda a merced del poder que tiraniza haciendo creer que uno hace lo que quiere (Juan Manuel de Prada).

Recomiendo leer la serie de artículos sobre La Nueva Tiranía.

5. Juan Pablo II: relativismo, sin el timón de la referencia de la verdad, se hace imposible una referencia objetiva al bien en la conducta individual y social, y la nave va a la deriva.

Si la determinación del Gender es voluntarística, puesto que no puede invocar en su propia justificación ninguna determinación naturalista, queda sin resolver el problema de cómo pueda ser reivindicada individualmente como absoluta y no negociable: como no hay un querer verdadero que pueda (sólo en cuanto tal) imponerse sobre un querer falso, y lo que cuenta –como había comprendido perfectamente Nietzsche– es solo cuál de los dos quereres se revele al final como el más fuerte, como capaz de imponerse al más débil, es muy dudoso que en sistemas de complejidad social siempre creciente, en lo que se refiere a la determinación de la identidad sexual, acaben prevaleciendo las voluntades de género de tipo individual, frente a las pretensiones reguladoras sobre el género que puedan imponerse desde el poder.

6. Cuando uno queda en el aire, sin raíces para su identidad, se lo lleva cualquier viento.

Así acabé mi exposición, dejando sola en el aire una pluma y soplando fuertemente sobre ella.

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lunes, 23 de marzo de 2015

El registro de sanitarios objetores de conciencia, en tela de juicio

Andrés Ollero, magistrado del Tribunal Constitucional español, duda de que esta iniciativa sea necesaria y eficaz: señala que el registro de objetores es “discriminatorio”.

Redacción Médica
Ricardo Martínez Platel. Madrid. 12 de febrero de 2015

Andrés Ollero, magistrado del Tribunal Constitucional, ha señalado en el Foro Sanidad y Derecho, que organiza el Hospital La Paz de Madrid, que no considera que la objeción de conciencia sea "un conflicto entre el Derecho y la moral", sino más bien un choque entre "dos planteamientos jurídicos". Según el magistrado, se trata de la "colisión de una visión minoritaria del mínimo ético", lo que supone que los casos "deben ponderarse de forma individualizada".

Ollero ha explicado que "la objeción de conciencia no puede verse limitada por la voluntad del paciente", ya que "aunque es un derecho que ha de ser atendido, si no lo hace un médico, lo puede hacer otro". Ollero ha recordado que el Tribunal Constitucional debe "defender a las minorías" y ha expuesto que "la objeción de conciencia no cuestiona la norma, sino que exige una excepción, a diferencia de la desobediencia civil".

Este magistrado ya emitió un voto particular respecto a la sentencia sobre un recurso de inconstitucionalidad promovido contra la Ley Foral de Navarra, por la que se creaba el registro de profesionales en relación con la interrupción voluntaria del embarazo. El argumento de Ollero se centra en que este mecanismo "no solo no garantiza las prestaciones en juego, sino que ha llevado a una inaplicación de la ley, por los riesgos que los profesionales otorgan a la existencia del registro". Según el magistrado, la consecuencia parece haber sido que "numerosos objetores se han negado a suscribir el formulario legal en su propio centro sanitario, para evitar verse inscritos".

La creación de un registro "no es necesaria para garantizar a las usuarias de la prestación sanitaria de interrupción del embarazo, que parece ser la finalidad". Ese objetivo puede ser cumplido con igual eficacia sin esta herramienta, "así lo prueba el hecho mismo de que no haya sido creado en otras comunidades autónomas con un sistema sanitario más complejo, o la propia inoperancia del registro navarro".

Ollero ha concluido que el resultado producido "denuncia que implica un sacrificio injustificado del derecho fundamental a la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios, dado el efecto desalentador del ejercicio del derecho, ante el explicable temor de los profesionales a sufrir represalias y perjuicios en sus legítimas expectativas profesionales".

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martes, 24 de febrero de 2015

Cristianofobia, una fe bajo ataque

Rupert Shortt, periodista y miembro del comité de redacción de The Times Literary Suplement, presentó en la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) el contenido de su investigación de los últimos años, de la que fue fruto el libro “Christianophobia: a faith under attack”, publicado por Rider Books en Londres en 2013, y “dedicado a todos los que sufren por sus creencias”.

En la entrevista que le hace Jordi Picazo para Religión en Libertad, cuenta una jugosa anécdota para ilustrar el desconocimiento que en occidente tenemos de los cristianos de Oriente Medio:

Citaba Shortt en este artículo publicado en The Guardian un encuentro sorprendente entre un general de Estados Unidos y un árabe cristiano. La pregunta del general aparentemente fue “cuándo se convirtió su familia”, a lo que el árabe, o cristiano, era las dos cosas, dijo que “hace 2000 años”.

En el libro se denuncia el clamoroso silencio informativo que pesa sobre la persecución de los cristianos minoritarios en países musulmanes, y se hacen juiciosas puntualizaciones que pueden resultar sorprendentes para la mayoría del público occidental (y oriental), como que el cristianismo NO es una religión de Occidente (no sólo).

Pero lo mejor es leer la entrevista.

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jueves, 19 de febrero de 2015

Cómo se impone la ideología de género

Replico este artículo porque me ha parecido magistral e instructivo.

El nuevo idioma del poder habla en el nombre del gender. Así es cómo, a través de las grandes conferencias de la ONU, las lobbies han dictado la agenda de los Estados.

Family and Media
Lunes 19 de Enero de 2015 Stefano Di Battista

El análisis de la escritora y periodista Marguerite Peeters en un congreso organizado por la diócesis de Brescia (Italia).

El gender. Una norma política mundial. Marguerite Peeters, destacada periodista estadounidense y autora de muchos libros sobre temas éticos, barre con muchos de los lugares comunes recurriendo la historia de las grandes conferencias promovidas por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) a partir del año 1990.

Fue justo en algunas de aquellas asambleas, en las que ella participó en calidad de periodista, que se emprendió el proceso de toma de poder por parte de algunas ONG (Organizaciones No Gubernamentales) que operan en el ámbito de los derechos humanos y la de igualdad de oportunidades: dichas organizaciones han logrado paulatinamente imponer su agenda, sustituyéndose de hecho a los gobiernos nacionales y condicionándolos según los intereses de un número reducido de lobbies económicos. En particular, fue en la Conferencia de Pekín sobre las mujeres (1995) cuando se allanó el camino a la ideología del gender, al establecerse la paridad entre los sexos como paridad de género, lo cual logró un consenso enorme a nivel mundial.

Para entender lo que ha ocurrido es menester retomar el concepto de soft power (poder blando) y el de consenso (internacionalmente consensus), una práctica con la que se pretenden evitar decisiones unánimes y difíciles de tomar. Cuando una resolución no es compartida, no se aprueba recurriendo a una votación formal, sino a través de una declaración concertada anteriormente entre los estados en la que simplemente se reconoce el acuerdo entre los miembros; un acuerdo constatado por el presidente que la preside mediante la fórmula «¿Hay alguna objeción? Si no hay objeción, así se acuerda».

Se trata de una tipología de resolución, cuyos contenidos resultan a menudo bastante vagos, y de la que se sirven las lobbies para orientar las políticas de los estados de acuerdo con sus propios intereses. Las conferencias de la ONU también han impuesto un nuevo lenguaje, véase al respecto los términos como partnership (partenariado), skateholder (partes interesadas) y, sobre todo, governance (gobierno corporativo).

«Pero la governance mundial –apunta la autora– es una realidad inaprensible: todos los términos de este nuevo lenguaje resultan ambivalentes, esto es, no tienen una definición diáfana. Su difusión sirve para ocultar un proyecto ideológico determinado finalizado a la toma de poder por parte de algunas minorías. La governance no es ningún gobierno mundial: la diferencia, en efecto, es que un gobierno propiamente dicho tiene su visibilidad democrática y una autoridad moral que procede directamente del mecanismo de la representación. Un gobierno se elige con el fin de dar voz a los valores de quienes lo han elegido. La governance, en cambio, no contiene en sí ni tampoco conlleva ninguna representación, sino exclusivamente la participación de algunos grupos de interés que han tomado el poder a nivel mundial».

«Se trata –ha explicado Peeters en un reciente congreso que se ha llevado a cabo en Brescia (Italia)– de una revolución política guiada por las ONG que pone al centro del interés asuntos como el crecimiento demográfico o la alerta ambiental. La igualdad entre hombre y mujer, en particular, ha sido el expediente que ha permitido la difusión de la ideología del gender: a partir de un asunto de derecho, justamente la igualdad, que dentro de Occidente nadie se atrevería a negar o a poner en cuestión, se ha ampliado paulatinamente su significado hasta desestructurar el dato biológico a favor de una interpretación libre y arbitraria de la identidad sexual de cada uno».

Al respecto, piénsese por ejemplo que en el Facebook cada usuario puede elegir entre 58 géneros. La ideología gender se ha difundido gracias a algunos mitos que Peeters nos invita a desenmascarar.

«Si bien predomina la idea de que se trata de un diseño que procede del frente homosexual, no hay que olvidar el aporte que dio el feminismo radical, que resulta tan indisociable de aquél que no sería impropio afirmar que se han allanado mutuamente el camino. En Occidente, el componente homosexual resulta mayoritario, pero en los países en vía de desarrollo existe un programa feminista que es el resultado de una mentalidad por la que a la mujer se le niega la identidad filial, materna y conyugal, inculcándole la idea de que las diferencias entre lo femenino y lo masculino, así como la distinción entre familia y vocación educativa, son construcciones sociales que se oponen a la igualdad y a la libertad de los ciudadanos. El mensaje más o menos implícito, por tanto, es que en una sociedad avanzada estos legados del pasado tienen que ser desmontados mediante cualquier medio: de ahí, los proyectos de cambiar las leyes nacionales de modo que la contracepción, el aborto y la fecundación artificial sean fácilmente asequibles para la población. Gracias a estas posibilidades, la governance promueve y fomenta la educación de un tipo de mujer cada vez más autónoma, exenta de las obligaciones familiares y, por ende, más motivada hacia la búsqueda del proprio poder y de autonomía».

El origen filosófico de este fenómeno se halla en la Ilustración. Fue precisamente en aquel contexto cultural, de hecho, cuando se impuso el principio deista según el cual «si Dios no es padre y el ciudadano no es hijo, entonces éste no adquiere su identidad de nadie, sino que ha de construirla por su cuenta». Y así el ciudadano occidental se convierte simplemente en individuo, en una entidad política abstracta e indiferenciada, que no adquiere igualdad y libertad mediante un proceso de filiación, sino que se adueña de ella mediante un gesto de rebeldía]. En este proceso, la paternidad representa claramente un obstáculo, tal como afirmaba el filósofo Jean-Jaques Rousseau (1712-1778), según el cual ser padres sería un privilegio que se opone al principio de igualdad.

El homicidio cultural de la figura paterna ha sido la consecuencia directa de dicho pensamiento».

Además, Peeters dice estar muy impresionada por la continuidad ideológica entre la Revolución francesa y la forma en que la teoría del gender ha sido introducida en los textos escolares adoptados más allá de los Alpes. «Desde la muerte de Dios hasta la del hombre, pasando a través de la del padre, de la madre y del hijo, el siglo XX ha sido terrible desde un punto de vista antropológico. El punto de llegada, de hecho, es que los hijos en cuanto tales ya no existen, porque se han convertido en los hijos de la República, en un proceso de secularización que dio por resultado la norma mundial del gender».

Pero, ¿cómo reaccionar frente a todo esto sin caer en extremismos que rechazan todo lo que sea occidental, o en las actitudes de esas minorías que abogan por un regreso del pasado? La única vía es el discernimiento. «Frente al gender no son los conocimientos globales los que nos sirven, sino el despertar de la conciencia: es ahí donde hemos de decidir sobre lo que es el bien y promoverlo. La elección que se nos plantea es si permanecer pasivos, porque nos sentimos aplastados por la gravedad del problema o, en cambio, si ser útilmente creativos a favor del bien y emanciparnos del pasado. La verdad es que ya no vivimos en una verdadera democracia, porque ya desde sus albores este sistema conllevaba en sí los gérmenes de su autodestrucción. En su parábola el Occidente ha llegado casi al fin del trayecto y hoy se encuentra en la necesidad de volver a ser evangelizado para volver a mirar a la persona humana en toda su esencia. Hace falta devolverle el poder al pueblo, pero para hacerlo hay que ser capaces de exponer públicamente dicho timo por parte de las lobbies. Ya no es suficiente oponerse a las normas culturales: hay que abrir una reflexión sobre el individualismo y sobre cómo han evolucionado los así llamados derechos de la persona. El error del pasado reside en el moralismo, mientras que el despertar de la conciencia humana pasa a través del amor. Hace falta, entonces, un esfuerzo de síntesis para regresar al humano en su verdadera experiencia existencial, haciéndole redescubrir su propia identidad de hijo».



(*) Marguerite Peeters se ocupa de cuestiones políticas, culturales y éticas relativas a la governance mundial desde 1994. Es autora de centenares de informes sobre este asunto y también de la obra La mondialisation de la révolution culturelle occidentale. Es consejera del Consejo Pontificio de la Cultura. La editorial San Paolo ha publicado recientemente su obra Il gender. Una questione politica e culturale (2014).

"Traducción de Matteo Torani"

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