miércoles, 4 de junio de 2014

"El cerebro es un millón de veces más importante que los riñones"

ENTREVISTA A ARMANDO SEGURA en Expansión, 3 a 9 de junio de 2014

El catedrático emérito de la Universidad de Granada, Armando Segura, recoge el itinerario de su pensamiento científico y filosófico en su último libro.

A sus 75 años, Armando Segura está en plena forma intelectual. En su último libro Hommo multidimensional aborda el apasionante tema del cerebro, y explica, entre otras cosas, como muchas de las cualidades más valoradas en el siglo XXI –la cultura del esfuerzo o la capacidad de trabajar en equipo– tienen base cerebral.

¿De verdad tiene tanto poder el cerebro como dicen?
El cerebro es un millón de veces más importante que los riñones. Todos los órganos del ser humano están en función del cerebro, para alimentar el cerebro.

Afirma usted que la iniciativa y espíritu de equipo tienen una base cerebral en el hombre ¿por qué?
Cuando empezó el mundo, en sitios como la sabana africana o China continental hay dos cosas que salvaron al hombre de extinguirse: la inteligencia y la sociabilidad. No hay grupos de monos de más de 15 individuos. Solamente la especie humana ha conseguido un estado como China con 1.300 millones de individuos. Eso es un efecto del cerebro.

O sea, ¿que la paz en el mundo sería el punto máximo del hombre como "más hombre"...?
Sí. Se puede explicar con la metáfora de deporte, aunque es limitada porque la vida de un deportista es corta. Esa mecánica de luchar por un ideal al coste que sea, es lo que da más felicidad. Sobre todo si el ideal consiste en gastarse por el bien de los demás. Hay mucha gente en el mundo que no piensa en si misma sino que piensa en los demás. Y eso es que tiene un factor de sociabilidad, de altruismo dicen los biólogos, muy fuerte. Y eso es lo que hace feliz. Sin embargo, el individualismo, por definición, lleva camino del psiquiatra. De hecho, la enfermedad mental se define como incomunicabilidad, inadaptación al medio…

¿Qué persona ha sido feliz porque ha vivido para los demás?
Por ejemplo, la Madre Teresa. Y las madres, en general, son el modelo perfecto de pensar en los demás.

¿Qué avances o explicaciones aportará en unos años la neurología, que ahora no nos creeríamos?
La neurociencia es bastante moderna, Ramón y Cajal sería el primero, estamos hablando de poco más de 100 anos. En los últimos veinte años se ha adelantado mucho en tecnología. Se ha progresado en medios y ahora mismo, puedes ver perfectamente el cableado que hay dentro del cerebro. Pero hay ciertas funciones humanas, que además son las más importantes, en donde no se sabe nada. Fundamentalmente, la conciencia. La gente que busca la conciencia en el cerebro, que son muchos, no encuentran nada. Porque no es algo físico.

Dice Punset que "el alma está en el cerebro", ¿piensa lo mismo?
El alma no puede estar en ningún lugar, por la sencilla razón de que el alma es potencia y las potencias no se ven. El hombre es posibilidad, es decir, que no es un animal hecho, no es un animal acabado, sino que tiene todo por hacer, aunque tenga 90 años.

Lea la entrevista completa en Orbyt.

Mostrar a tus contactos de XING

lunes, 21 de abril de 2014

El utilitarismo y el laicismo entorpecen los debates públicos

John Perry, profesor de Ética teológica en la Universidad de St. Andrews

Por Juan Meseguer. Aceprensa. 7.ABR.2014

La opinión pública plantea continuamente controversias sobre cuestiones éticas. No es fácil ponerse de acuerdo, pues los dilemas son difíciles y las posturas variadas. Por eso, pueden resultar atractivas las soluciones más cómodas como el utilitarismo o el laicismo. Hablamos de este problema con John Perry, profesor de Ética teológica en la Universidad de St.Andrews, la más antigua de Escocia.

Doctor en Teología por la Universidad de Notre Dame, el profesor Perry está familiarizado tanto con la ética cristiana clásica como con la filosofía política contemporánea. Tiene a gala haber enseñado en el Christ Church, uno de los colleges de la Universidad de Oxford donde también enseñaron John Locke y John Rawls. Una de sus líneas de investigación es buscar puntos de acuerdo entre el pensamiento cristiano, el liberalismo político y el enfoque utilitarista.

Bueno o malo, según quién lo haga
— La ética clásica se interesaba por el arte de vivir bien. Pero algunos pensadores actuales sostienen que la pregunta por el bien es una fuente de desacuerdos en los debates públicos. Por eso, prefieren centrarse en las condiciones que hacen posible el pluralismo. ¿No le parece que este enfoque empobrece los debates éticos?

Sí, los empobrece. Ahora bien, la intuición de evitar “las grandes ideas” sobre la vida buena no es desacertada del todo. Esta intuición surgió en el siglo XVII, cuando los desacuerdos sobre cuestiones religiosas dieron paso a enfrentamientos crueles. En este contexto, podemos comprender por qué hubo gente que vio necesario dejar a un lado las discusiones demasiado sensibles.

Así que la intuición de que la legalidad es más estrecha que la ética es una buena intuición. El problema es pensar que porque algo no está prohibido por la ley entonces es éticamente correcto. Debemos mantener la idea de que la ética trata sobre la vida buena, sin necesidad de pensar que toda la ética debe estar exigida por la ley.

Algunos estudios recientes realizados por psicólogos morales muestran que, cuando se pregunta a la gente qué piensa sobre determinadas acciones inmorales realizadas por extraños, suelen contestar: “Esos extraños son muy libres de hacer lo que quieran, siempre que no causen un daño directo a un tercero”. Pero no responden lo mismo si quienes llevan a cabo esas acciones son sus amigos o sus familiares. Y eso es porque esperan que sus amigos y sus familiares no solo eviten el daño a terceros sino también que busquen la vida buena.

Esto muestra que no hemos perdido el concepto de vida buena. Lo que no tenemos claro es cómo aplicarlo a los extraños en una sociedad pluralista.

Para llegar a un acuerdo, excluir a los discrepantes
— Paradójicamente, en la búsqueda de un espacio público neutral y abierto a todos, los creyentes suelen salir malparados. Una forma de excluirlos del debate es decir que sus creencias pueden ser muy válidas para ellos pero no para el conjunto de la sociedad. ¿Qué le parece este argumento?

Todas las creencias tienen un punto de partida. Los cristianos probablemente empezarán con la Biblia; los musulmanes, con el Corán; los utilitaristas, con la creencia de que lo mejor es promover la mayor felicidad para el mayor número posible de gente; los liberales clásicos, con la defensa del derecho a organizar mi vida sin interferencias de nadie…

En este sentido, todas las perspectivas son iguales: todas tienen un punto de partida que los de fuera no comparten. Por eso, no tiene sentido excluir del debate público una creencia o una ideología solo porque tiene un punto de partida particular… ¡Porque entonces habría que excluir a todas las creencias!

Tampoco deberíamos excluir aquellas ideas que son impopulares. Porque ahora defendemos toda clase de ideas que en el pasado eran impopulares, como la prohibición del trabajo infantil o el voto femenino.

Cuando algunos dicen que las creencias religiosas solo valen para los creyentes y no para la sociedad entera, deberían ser más precisos. Ciertamente, algunas creencias religiosas solo tienen sentido para los fieles de un determinado credo. Por ejemplo: no se puede exigir a todos los ciudadanos que cumplan los preceptos judíos o musulmanes sobre los alimentos ni el bautismo cristiano. Pero no todas las creencias religiosas son así. Lo importante es que cada cual sea capaz de dar razones de sus convicciones morales.

Utilitarismo: cómodo, rápido… e insuficiente
— Una forma de evitar los debates de fondo es recurrir al utilitarismo, para el que lo único que cuenta son las soluciones que producen la mayor utilidad para el mayor número. ¿Qué inconvenientes plantea este enfoque en la ética médica?

Por sorprendente que parezca, creo que los cristianos y los utilitaristas a veces pueden ser aliados. Yo, por ejemplo, coincido con el utilitarismo en que la ética tiene que preocuparse por conseguir una vida de realización, bienestar o felicidad. ¡Y esto ya es un importante punto de acuerdo! Pero el utilitarismo se equivoca en la forma de entender qué es el bienestar o la felicidad. Para el utilitarismo, la felicidad es subjetiva y monista.

Es subjetiva porque afirma que la felicidad depende de la perspectiva de cada cual. Tú eres feliz cuando plantas un jardín, mientras que yo soy feliz mientras veo videos de animales sacrificados. El utilitarismo defiende que todas las formas de felicidad son igualmente válidas.

Y es monista porque solo contempla un tipo de felicidad. De modo que todas las experiencias de felicidad pueden ser comparadas, al igual que los precios de los coches. Montar en bicicleta me produce un dólar de felicidad; leer un libro, dos dólares de felicidad, por lo que al final tengo tres dólares de felicidad. Pero la felicidad no se puede comparar como si fueran dólares. La felicidad que me produce la amistad con una persona es distinta de la felicidad que experimento al visitar un museo. El utilitarismo puede ser cómodo para hacer elecciones –si fueran verdaderas–, pero no es convincente.

Esta aparente comodidad explica por qué el utilitarismo se está haciendo tan popular en la ética médica. Satisface a los políticos que quieren elegir fácilmente la opción que sea capaz de ahorrar más dinero, como si estuvieran comprando un coche. ¿Cuál es el más barato? ¿Cuál tiene el carburante más eficiente? Es atractivo porque aparentemente hace innecesarios el buen juicio, la sabiduría y la prudencia.

No hay derechos sin responsabilidades
— En debates éticos, como el del aborto, hay quien piensa que la mejor solución es la que no coarta la autonomía individual. Como profesor de ética en Oxford y Notre Dame, ¿qué experiencia tiene al hablar de este tema con sus alumnos?

Lo que he descubierto enseñando a estudiantes jóvenes es que tienen unas prioridades distintas a las de sus padres. Esto se ve claramente en el debate sobre el aborto. Algunos de mis alumnos nacidos en los años ochenta o antes pueden inclinarse a decir: “Si el aborto es ilegal, entonces el gobierno me está obligando a tener un hijo. Y nadie debería obligarme a eso”. Pero mis estudiantes nacidos a mediados de los noventa raramente dirán esto, porque tienden a pensar que cuando alguien se queda embarazada, generalmente tiene que asumir las consecuencias (aunque admiten excepciones como la violación).

Esto no significa que, por definición, los más jóvenes sean más contrarios al aborto. Pero sí revela un cambio de planteamiento, pues entienden que los derechos están relacionados con la responsabilidad. No sé por qué se ha producido este cambio en una generación. Pero me parece un desarrollo fascinante, al que los sociólogos deberían prestar atención.

Estudiar cambios generacionales como este ayuda a esclarecer los debates éticos, porque nos recuerda que lo que muchas veces consideramos “valores universales” no siempre lo son. A menudo, damos por sentadas una serie de ideas quizá porque nacimos en una generación o un país determinados. Abrirnos a esas diferencias puede ayudarnos a percibir qué valores pertenecen realmente a una generación o a un país, y cuáles no.

Mostrar a tus contactos de XING

domingo, 30 de marzo de 2014

BIG DATA. Comunicación Inteligente de los Datos

18 Jornada de Comunicación Siglo XXI.

Este año la Jornada de Comunicación Siglo XXI se centrará en la "Comunicación Inteligente de los Datos".

Queremos abordar el tema desde cuatro aspectos: desde la Sociología de la Comunicación preguntándonos por "La bondad de los números en la opinión pública"; desde el Periodismo de Análisis para entender que significa eso de "Piensa en visual, escribe con datos"; desde la Comunicación Corporativa para confirmar si "Tus públicos son personas antes que números"; y desde la Comunicación Persuasiva para entender "Las grandes cifras de los productos y servicios"...


¿Sabías que...

1. España necesitará 60.000 profesionales de Big Data hasta 2015? Cloud Computing

2. Big Data creará 5 millones de puestos de trabajo en todo el mundo desde 2015? ABC

3. Big Data aportará 206.000 millones de euros a la economía europea en 2020? Puro Marketing

Reserva tu plaza AQUÍ

web #18JORCOM
blog #JORCOM
Twitter: @jorcoms21
Página de Facebook

Mostrar a tus contactos de XING

domingo, 15 de diciembre de 2013

Fe de errores sobre fe de errores

Leo en sección de Cartas al director del diario IDEAL de Granada una Fe de errores que da cuenta de la corrección que el catedrático de la UGR, José Rodríguez Gordillo, hizo a su propia carta, rectificando la autoría del famoso "¡No es esto, no es esto!" de Ortega y Gasset.

Lástima que el profesor Rodríguez Gordillo no completase la corrección cambiando la cita y no al autor de la cita, pues ahora le queda un error más gordo, que supongo debido a confusión más que a ignorancia o, eso espero, a la reconstrucción de la Historia que algunos pretenden, con esa matraca, nada inocente, de la Memoria Histórica, tan oportunamente reflejada por Orwell en su famosa novela 1984.

En su carta, Rodríguez Gordillo escribe "Como decía Unamuno (alguien debió soplarle luego que fue Ortega y Gasset) ante las atrocidades y deriva totalitaria de la rebelión franquista: «no es esto, no es esto»". Es de sobra conocido que esta expresión aparece al final de Un aldabonazo, publicado el 9 de septiembre de 1931 en el diario Crisol ante la deriva radical de la República: Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron con el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: «¡No es esto, no es esto!».

El ejemplo sirve igual de bien al objeto de la carta del profesor de la UGR -criticar a los que reventaron la conferencia de Rubalcaba en esa universidad-; salvo por el pequeño inconveniente de que deja en mal lugar a la II República en vez de al franquismo: y esta sí que es una grave falta de corrección política.

Mostrar a tus contactos de XING

jueves, 21 de noviembre de 2013

lunes, 23 de septiembre de 2013

Laicidad positiva

Por Javier Pereda Pereda. IDEAL Jaén, viernes 20.09.13

Con la vuelta a las aulas en este nuevo curso, el ministro de Educación francés, Paillon, ha trazado el ambicioso proyecto de refundar los valores de la República desde la escuela, implantando la Carta de la laicidad que rige desde hace unos días en los colegios franceses. Seguramente, el Gobierno de Hollande pretenda con este cambio radical en la educación encontrar una solución al auge considerable de la comunidad islámica, a base de impedir toda clase de convicciones religiosas y exhibición de signos de esta naturaleza. Esta declaración de quince puntos afirma respetar todas las creencias, garantizar la libertad de la conciencia y permitir la libertad de expresión, para acto seguido –sin pensar que se puede caer en una flagrante contradicción- establecer que está prohibido llevar objetos o prendas por los cuales los alumnos manifiestan ostensiblemente una pertenencia religiosa, ya sea el velo islámico, la ‘kipá’, o el crucifijo.


En definitiva, al proclamar e intentar conciliar principios aparentemente antagónicos como la libertad y la igualdad, en este conflicto de valores se decanta por un prohibicionismo igualitarista, cercenando cualquier posible atisbo al pluralismo de las creencias en una sociedad democrática, que en nuestro ordenamiento también está catalogado como un valor superior. Para fundamentar estas medidas se invoca una mal entendida separación entre la Iglesia y el Estado, un erróneo concepto de laicidad y una falsa neutralidad del Estado. Este cambio en la orientación de la enseñanza pública en las escuelas, al que estableciera en su día Sarkozy, parece ser una reacción jacobina e ilustrada, trasladándonos a la Francia de la revolución, como si todavía estuviera presente el adversario del Sacro Imperio Romano Cristiano en la Edad Media.

A veces se olvida que fue el cristianismo quien introdujo el principio dual de la separación de la unidad política y religiosa de la polis griega, distinguiendo la distinta atribución de competencias al César y a Dios. En los primeros cuatro siglos del cristianismo es cuando se asienta, con Agustín de Hipona, la distinción entre la ciudad de Dios y del Estado, implantando el principio de la libertad religiosa para todos, paganos y cristianos, plasmado en el Edicto de Milán. Ciertamente, la cuestión religiosa se enturbió con el «cuius regio, eius religio», por lo que la fe se imponía con el poder de la espada, y la religión de los súbditos era la del rey que gobernaba. Pero, actualmente, con el Concilio Vaticano II, existe un volver a los primigenios tiempos del cristianismo, con la separación –que no exclusión y supresión– entre los poderes públicos y el fenómeno religioso.

Así es como lo regula nuestra Constitución e interpreta el Tribunal Constitucional, con las relaciones de necesaria cooperación entre los poderes públicos y las demás confesiones religiosas, en un Estado aconfesional. Desde que Teodosio, en el Edicto de Tesalónica, impusiera el catolicismo como la única religión lícita, hasta llegar al otro extremo, el de la edad moderna, que pretende relegar cualquier atisbo de la religión al ámbito privado, hay un término medio, y este se llama libertad religiosa. La ‘laicité’ que se preconiza para la escuela francesa es errónea, y nada tiene que ver con la ‘laicidad positiva’ y aconfesional que hace posible la coexistencia y cooperación de los poderes públicos con lo religioso.

No deja de ser un sofisma que al apelar a la aparente neutralidad del Estado, en el fondo lo que se esté haciendo realmente sea neutralizar, a efectos prácticos, todas aquellas legítimas convicciones religiosas existentes, con la consiguiente suplantación e imposición de la confesional religión civil a modo roussoniano. Eso sí, proclamando de forma huera los principios de igualdad, libertad y laicidad que han sido vaciados de contenido para ser sustituidos por otros sucedáneos. Los totalizantes ecos laicistas – que no de laicidad- de nuestro país vecino, están teniendo reflejo en la mayoría de la izquierda política española, por lo que ahora quieren promover en el Congreso esta ideología, para intentar asestar un ataque frontal a la libertad religiosa, a la que tanto denuestan, siempre bajo la apariencia de neutralidad.


Mostrar a tus contactos de XING