jueves, 9 de agosto de 2007

Sin acuerdo posible

La EpC puede ser inconstitucional de arriba abajo, por muy padre de la Constitución que sea Peces-Barba

Por Ramón Pi, en La Gaceta hoy


Si Gregorio Peces-Barba no hubiera titulado su artículo del martes en El País, En torno a la Educación para la Ciudadanía, lo más probable es que yo no me hubiera tomado la molestia de leerlo, porque últimamente lleva escribiendo el mismo artículo todas las veces, dedicado a maldecir de la Iglesia católica, especialmente de la Iglesia en España. Como él pasa por ser uno de los principales inspiradores de esta asignatura, pensé que ahora sería distinto, y me equivoqué: era otra vez el mismo artículo, y la Educación para la Ciudadanía (EpC) no era sino el pretexto.

Algo dice, sin embargo, de la materia que me interesaba, aunque sea de forma oblicua: atribuye el liderazgo de la oposición a la EpC a la jerarquía católica, y predice grandes males para los padres de familia que planteen la objeción de conciencia, que “carece de cualquier posibilidad de prosperar”, y augura un futuro negro para el Partido Popular, al que atribuye un “seguidismo inexplicable” respecto de los obispos. De la materia prevista en los decretos ya publicados para la asignatura no dice nada, pero afirma que nos trae “la recta formación democrática de los ciudadanos”.

A este respecto, el Foro Español de la Familia ha hecho un experimento interesante: ha contado, mediante un sencillo programa de ordenador, las veces que aparecen determinadas palabras o conceptos en los citados decretos. El resultado ha sido éste: Padre, padres, profesor, profesores y autoridad, 0 veces; virtud y virtudes, 2 veces; familia, 3 veces. Por el contrario, afectos, afectivo, afectivo-emocional, 23 veces; emocional, 29 veces; sexo, sexualidad, sexista, 34 veces; sentimiento, sentimientos, 41 veces. A eso lo llama Peces-Barba “recta formación democrática de los ciudadanos”. ¿Formación? ¿Democrática? ¿Recta? A mí me parece más bien, por lo que ya se conoce, que es una pura muestra de la agenda homosexual y un intento torpe y totalitario de imponerla.Sé que, a estas alturas, no es sensato pensar en un diálogo con alguna posibilidad de acuerdo entre los que están conformes con la EpC y quienes no lo están. Hay dos abismos infranqueables: uno, de método: los que disienten sostienen que los poderes públicos no son nadie para andar entrometiéndose en la formación moral de los niños por encima de sus padres. El otro es de contenidos: El poder público es menos que nadie para que esa ilegítima intromisión pretenda formar a los niños contra las convicciones de sus padres. Por ambas razones, con mucha probabilidad, la EpC puede ser inconstitucional de arriba abajo, por muy padre de la Constitución que sea Peces-Barba (que ya dio el portazo en la ponencia cuando se discutían los preceptos sobre educación).

No pretendo contestar al artículo de Peces-Barba, entre otras cosas porque ese artículo está dedicado a agredir a la jerarquía de la Iglesia, de Benedicto XVI al último párroco, y me parece que para tener muy graves reparos a la EpC no hace falta ser católico. Si se es católico, desde luego que se tienen, como se tienen ante normas que legalizasen el aborto, la tortura o la esclavitud. A lo mejor otro día contesto a sus invectivas contra la Iglesia. Termino con una cita, muy aplicable al Gobierno y los que jalean la EpC y el intento de hacerla obligatoria: “Deben sosegarse y permitir el desarrollo normal de la sociedad civil, sin sus constantes interferencias, sin hostigar a los heterodoxos ni despreciar a las conciencias individuales que no coinciden con sus planteamientos. Deben tener más respeto a los disidentes y evitar maldecir y condenar todo el tiempo”. La cita es precisamente del artículo de Peces-Barba, sólo que él la dirige a los obispos. Desde luego, no hay acuerdo posible.
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