domingo, 20 de abril de 2008

William F. Buckley: el azote de la progresía americana

Por Luis Sánchez de Movellán de la Riva
Profesor de la Universidad CEU-San Pablo. Doctor en Derecho.

El sarcástico, penetrante y siempre polémico William F. Buckley, padre del conservadurismo norteamericano actual y fundador de la legendaria National Review, falleció hace unos días mientras trabajaba en su estudio de Stamford (Connecticut) Era un intelectual respetado por los liberals y por los conservadores, ya que se le consideraba como un mito político viviente. Fue la inspiración ideológica y el estandarte de miles de conservadores estadounidenses y de notables miembros del influyente partido republicano.

William F. Buckley nació en 1925, en el seno de una familia acomodada cuyo cabeza de familia, un abogado norteamericano de origen irlandés, le educó en torno a un conservatismo de corte europeo, católico y autoritario. Su otra gran influencia intelectual provino de dos amigos de su padre, Albert Jay Nock y Frank Chodorov, intelectuales libertarios e iconoclastas, quienes inculcaron al joven Buckley los principios liberales, opuestos al igualitarismo y a la expansión del Estado.

El joven Bill cursó estudios superiores de ciencia política, economía e historia en la prestigiosa Universidad de Yale, donde adquirió fama de gran tertuliano, de amante de los debates y de apasionado por la batalla de las ideas. Se hizo famoso pronto, pues, poco después de cumplir veinte años, escribió su primer libro God and Man at Yale, en el que tuvo la osadía de denunciar el dominio marxista de las cátedras universitarias y la marginación de Dios y los principios morales y espirituales de la formación de los universitarios. El libro provocó una conmoción nacional, fue condenado por los gurus izquierdistas y los mandarines de la progresía del momento, pasando el joven Bill a ser conocido por el gran público estadounidense –y, en concreto, por la minoría conservadora asediada entonces por las políticas del New Deal.

Tras el éxito indiscutido de sus primeras aventuras literarias, Buckley colaboró con varios medios conservadores, especialmente con el mítico The Freeman y con The American Mercury, decidiendo finalmente, con el apoyo financiero de su padre William Buckley Sr. y el de un grupo de mecenas conservadores, fundar en 1955 la legendaria y todavía hoy viva National Review, con la que modernizó el conservadurismo norteamericano en torno a principios más directos, sin ataduras, atentos a la moral, intelectualmente sólidos y pedagógicos y políticamente incorrectos. El objetivo vital de William Buckley Jr. fue articular principios que propugnaran más libertad, menos estatismo, dejar hacer a los ciudadanos con responsabilidad y que articularan un conservadurismo como sistema de ideas y gozne intelectual que luchara por el interés nacional y por una mayor moralidad individual y cívica.

La National Review fue –y es- una publicación conservadora que, aparte de su habitual rigor, ofrecía –y ofrece- una lectura amena, divertida e irreverente. Su calidad literaria era –y es- parangonable a la de las revistas progresistas de gran circulación, como Time o Newsweek; e hizo uso Bill de la revista para reconciliar las facciones en liza del conservadurismo –libertarios económicos, tradicionalistas morales y halcones de la política exterior- en torno a una nueva filosofía basada en el anticomunismo, el libre mercado y los valores tradicionales judeocristianos. Se ha sólido decir que la National Review de Bill Buckley hizo respetable el conservadurismo purgándole del antisemitismo y de otros virus políticos.

La influencia del catolicismo que le inculcaron sus padres, William y Aloise, acompañó a Buckley toda su vida, siendo una persona profundamente creyente que, incluso con frecuencia, asistía en Connecticut a misas en latín. Una anécdota sobre su profundo catolicismo y su figura a lo Chesterton, se produjo cuando Juan XXIII publicó Mater et Magistra, una Encíclica muy crítica con Occidente, ante la cual Buckley se dejó llevar por su sarcasmo y su vehemencia, exclamando: “Mater, sí, Magistra, ¡de ninguna manera!”.

En definitiva, Occidente necesita un conservadurismo moderno y actual, que sepa dar respuesta a la multiculturalidad y al feminismo de género, que defienda y apoye una política moral y una moral política, que rebata la catastrófica influencia neomarxista en las Universidades y que cuestione la interferencia del Estado en la vida familiar y personal de los ciudadanos. La clave para este conservadurismo del siglo XXI, es bastante fácil y sencilla: inyectar la idea de la libertad en la mentalidad conservadora.
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